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Salvador Sánchez, a 25 años de su muerte

El boxeador mexicano perdió la vida en un accidente automovilístico, cuando se encontraba en lo más alto del pedestal gracias a sus aguerridos combates
Domingo 12 de agosto de 2007 Rodolfo Rosales | El Universal

Hoy, domingo 12 de agosto, se cumplen 25 años de la trágica muerte del ex campeón mundial pluma, Salvador Sánchez, quien a los 24 años perdió la vida en un accidente automovilístico en un lujoso Porsche.

Desde ese día nació la leyenda llama “Sal Sánchez”.

Sulio Sánchez, su hermano, dijo que para recordar las ‘bodas de plata’ de la muerte de uno de los mejores púgiles en la historia, se oficiará una misa en la Parroquia de Santiago Tianguistenco a las 13:00 horas. Acto seguido familiares, amigos e invitados visitarán la tumba de Sal, para posteriormente ofrecerse una comida y una función de boxeo amateur.

Cabe recordar que el pugilista, al momento de su deceso, no sólo ostentaba el título mundial de peso pluma del CMB que le había arrebatado al estadounidense Danny Coloradito López en Phoenix, el 2 de febrero de 1980, al vencerlo por nocaut técnico en 13 fragorosos rounds, sino que aspiraba a ir en pos del superpluma.

El pugilista pintaba para ser el mejor peleador mexicano, ya que no sólo le sobraba calidad, sino que podría haberse convertido en el primer boxeador en ganar campeonatos en diferentes divisiones.

Sin embargo, el 12 de agosto de 1982, el pueblo mexicano se estremeció con la noticia de la muerte del pugilista, cuando regresaba del rancho La Palma, cerca de San Miguel de Allende, a Querétaro…

Nacido en Santiago Tianguistenco, estado de México, Salvador Sánchez será recordado siempre por aquella paliza al hablantín boricua Wilfredo Gómez.

Al momento de su muerte, Sánchez se entrenaba para defender el cetro ante Juan Laporte.

Además, planeaba disputar el título superpluma frente al legendario nicaragüense Alexis Argüello, sueños que no se materializaron ante el nocaut de la muerte.

El misterio

A Salvador Sánchez le sobreviven su esposa Teresa Guadarrama, sus dos hijos y su madre María Luisa Narváez; pero lo que se ignora es el paradero del dinero que Sánchez ganó durante las cinco defensas del cetro, incluida la excelente paga por la contienda contra Wilfredo Gómez.

La familia señaló a Juan José Torres Landa (su apoderado), como la persona que se quedó con sus ahorros e inmuebles, tras controlar y administrar las ganancias del peleador. Pero Torres Landa aclaró en su momento, que el malogrado peleador les compró casa a todos sus hermanos y a sus padres y poco fue el dinero que dejó al morir.

De ese dinero, agregó, se la otorga en forma administrada mensualmente a la viuda de Sánchez y a sus dos hijos, aunque, según él, ese dinero se agotó y él sigue cumpliendo con las mensualidades utilizando sus propios recursos para ayudar a la educación de los hijos del campeón.

Su memorable noche

La noche más grande de Salvador Sánchez fue el 21 de agosto de 1981 en el Caesar Palace de Las Vegas, cuando le ganó a Wilfredo Gómez, a quien le quitó lo invicto y le tapó la boca a puñetazos para convertirse en el mejor peleador de su momento.

Gómez, antes del combate, vaticinó una paliza para el mexicano.

Llegó el día en un ambiente de fiesta mexicano-puertorriqueño, donde cada fanático ponía de manifiesto lo mejor del repertorio de su favorito, en constantes altercados en Las Vegas, la capital del pugilismo.

Los momentos previos al combate fueron de fiesta; el mariachi y un grupo de salsa dieron gran colorido.

Wilfredo, quien antes de esa pelea había vencido a Juan Tirado, a Juan Antonio López y a Carlos Zárate, salió ansioso y confiado al llamado del réferi Carlos Padilla. Su error fue buscar el intercambio de golpes ante un Salvador Sánchez muy fuerte y con mejores atributos técnicos.

Sal sólo lo esperó para enviarlo a la lona para recibir el conteo reglamentario de ocho segundos y desde ese mismo instante al reanudarse la confrontación, se le veía caminar en el aire. Estaba noqueado tras el implacable castigo al que lo sometió el campeón pluma del mundo, convencido de poder terminarlo temprano.

Así, para el segundo giro Gómez presionó, pero el daño del castigo anterior seguía causando estragos con el rostro totalmente transformado en tres minutos de pelea.

Durante los siguientes asaltos Gómez buscó cobrar venganza, impetuosos y decidido, pero no muy efectivo. El campeón pluma Salvador Sánchez se quitaba los golpes magistralmente, tomándole el tiempo a los lances de su contrario, de espaldas a las cuerdas del cuadrilátero.

Para el octavo, que a la postre sería el último asalto, Gómez, inició con los dos ojos casi cerrados.

En repetidos contragolpes en las cuerdas, Salvador Sánchez volvió a sembrar su golpe de derecha y lanzó por segunda vez a Wilfredo Gómez a la lona, que se incorporó a los ocho segundos, pero el árbitro Carlos Padilla detuvo el combate al observarlo muy golpeado y avasallado. Todo acabó a los 2 minutos y 9 segundos.



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