No entiendo cómo a estas alturas del partido nos viene a sorprender que México pierda y pierda en cada torneo de futbol al que manda a una Selección.
La suerte ha traído derrotas en las últimas semanas ante cada selección de Argentina que nos topamos en el camino, mientras que Estados Unidos nos ganó en la Copa de Oro como se va haciendo una costumbre.
La razón es más obvia de lo que parece. No, no es que tengamos menos mentalidad ni tampoco que comamos peor, porque hasta donde se sabe, ni las hamburguesas ni el bife de chorizo tienen propiedades sobrenaturales.
Simplemente, en Argentina y en Estados Unidos tienen muy claro para qué juegan futbol. Los sudamericanos tienen un gran negocio montado en torno de la producción de jugadores, mientras que los vecinos del norte trabajan con el objetivo de tener un equipo con aspiración de campeón mundial en 2010, para lo que han puesto a jugar futbol a 2 millones de jóvenes.
¿Y nosotros? Cada dos años o tres años (La Volpe y sus ciclo completo ha sido la excepción) hay un nuevo plan, nuevas personas, nuevos objetivos, o ni siquiera eso.
Lo peor es que México cuenta con todo para ser uno de los equipos más importantes del mundo. Hay intalaciones, jugadores en Europa, un técnico triunfador. ¿Qué falta? que los dirigentes hagan su trabajo e indiquen a dónde vamos y cómo.
Y que haya continuidad. Estados Unidos cambia dirigentes y entrenadores y sus equipos juegan a lo mismo de siempre.
Aquí cada vez que llega alguien nuevo se destruye ritualmente todo lo que dejó el anterior. Ya es tiempo de romper con ello.