Aferrado como nunca al pasado. Así logró América sacar un partido al que llegaba como víctima segura. Atado a la grandeza de su coraje y a la seguridad infranqueable de un arquero como Guillermo Ochoa, apuntalada por su eterno pulmón: Germán Villa, quien fue el autor del gol de la victoria.El escenario tenía todo listo para que el campeón corroborara su hegemonía sobre su acérrimo rival, que no lograba vencerle en el estadio Azteca desde el Invierno 99.
Pero no contaba con el ardid que Memo Ochoa tenía preparado.
Un viaje al pasado, vestido con aquella playera de viejas glorias americanistas. Esa del triángulo invertido en el pecho que en el torneo 90-91 cerró una eliminación en semnifinales a favor del América con goleada de 5-0 global.
Y es que ayer Guillermo Ochoa no sólo fue una pesadilla para Omar Bravo, sino que por primera vez en su carrera pudo saborear ganarle al Guadalajara en Santa Úrsula.
Pero si Ochoa fue el corazón bajo los tres postes, hacia el frente Villa se echó el equipo al hombro. Cierto es que con todas las limitantes que en ocasiones le da su técnica, pero que le fue suficiente para coronar con certero remate de cabeza un balón que Salvador Cabañas le había dejado presto para enviar a la red sobre el minuto 23.
La ventaja parecía raquítica, no por nada enfrente estaba esa alocada dinámica de esas Chivas monarcas.
Con la misma que lograron taladrar a la zaga local para que Omar Bravo rematara a placer un centro del Bofo que Ochoa sacó de la base del poste.
Sobre el minuto 34, de nuevo Chivas tuvo en su delantero con la playera número 9 la igualada. Bravo remató solo dentro del área chica, pero un manotazo de Bravo evitó la caída del marco azulcrema.
Para el segundo lapso se esperaba un vendaval rojiblanco, pero América adormeció el partido como pocas veces se le ha visto. La salida de los rojiblancos era copada por un corredor e incansable Luis Fernando Saritama, acompañado de Salvador Cabañas, siempre flanqueados por Germán Villa, siempre listo ya sea para robar la pelota o iniciar un ataque.
Con todo y lo anterior, Guadalajara tuvo el genio suficiente parta haber empatado el partido.
Esta vez no se le podrá criticar a Adolfo Bautista su falta de acierto, pues fue el principal surtidor de Omar Bravo.
Así lo hizo de nuevo al 65, un servicio del Bofo a la espalda de Diego Cervantes a Ismael Rodríguez, y Bravo hizo lo correcto. Sobre la marcha tiró raso a segundo poste, y sólo una larguísima estirada de Ochoa evitó el festejo.
En la tribuna el "¡Dale Rebaño!" sucumbió ante el "!Vamos América!", como en la cancha el campeón y favorito para arrollar en el Clásico, sucumbió ante un América que a falta de su estrella, Cuauhtémoc Blanco, recurrió a su añeja grandeza, esa que evocaba el uniforme con el triángulo invertido y que en el arco portó un agrandado Ochoa.