La prueba de hoy para los aficionados de la NBA es nombrar su disputa divisional favorita en la historia. Tómense su tiempo. Tienen dos horas para responder.Tal vez no esté muy concentrado, pero durante los últimos 40 años, recuerdo sólo una historia relacionada con la disputa divisional: Los Celtics de Boston de 1969 terminaron en cuarto lugar. No podría mencionar quién ganó la División Este (la investigación revela que las Balas de Baltimore), pero todos saben que los Celtics.
Ahora, echen un vistazo a las actuales divisiones del Atlántico y del Sureste, donde los poco perfectos equipos de Washington y Toronto tienen cómodas ventajas y no pueden ser sembrados en menos de cuarto en sus respectivas conferencias.
Lo que sigue es una petición al comisionado David Stern para reducir la temporada regular a 58 juegos, fusionar a todas las divisiones y conferencias y sembrar a los 16 equipos de postemporada con base en su marca de ganados y perdidos. Es un ejercicio futil, ya que Stern sólo ve los signos de dólar que iluminan el calendario de 82 partidos, y el Sindicato de Jugadores tendría dudas sobre el recorte de salarios. Pero es tiempo que ambas partes consideren un aumento en afición, la salud de los jugadores y mayor calidad.
Pensarían que los atletas actuales, más grandes, rápidos y fuertes están mejor adaptados para ingeniárselas a lo largo de 82 juegos. Es todo lo contrario. Esta campaña ha traído consigo una oleada de lesiones: Dwyane Wade, Yao Ming, Tracy McGrady, Steve Nash, Jason Kidd, Allen Iverson, Paul Pierce, Baron Davis, Jason Richardson, Chris Paul, Shaquille O´Neal, Lamar Odom. Tal vez sea una aberración, pero sólo ha intensificado un viejo pensamiento de los jugadores de que el año es largo.
Desafiaría a Stern a encontrar a cualquier jugador actual que disfrute los 82 partidos.
Ahora hay una marca de fatiga del Siglo XXI, a causa de los Juegos Olímpicos y Mundiales.
¿Quién se ha quejado de estar "exhausto" por su participación en la selección este año? Ni Wade ni LeBron James, simplemente la imagen de la NBA. Mientras Chris Bosh, Brad Miller y Joe Johnson han dejado entrever que sus lesiones están relacionadas con el exceso de trabajo.
Junten todas las divisiones y un calendario de 58 juegos significa dos partidos ante cada equipo: uno en casa, uno de visitante. No puede ser más simple.
Hay que ser honestos: ¿Cuántas rivalidades existen en la NBA, además de los clásicos de los Celtics o (en la era de Michael Jordan), Chicago-Detroit? Ninguno.
Algunos podrían argumentar que se perdería la tradición del Este contra el Oeste en las finales, pero esa es una noción nostálgica. La popularidad de la NBA se fundó en los duelos entre Bill Russell y Wilt Chamberlain de los 60. Todo el mundo sabía que el duelo entre Boston y Filadelfia definiría al eventual campeón.
Algunas otras rivalidades capturaron el ideal del Este contra el Oeste: Lakers-Knicks a principios de los 70, los Lakers, de Magic Johnson, contra los 76ers y los Celtics, Magic contra Isiah Thomas en los duelos Los Ángeles-Detroit, Magic contra Jordan en 1991. ¿Se dan cuenta de la tendencia?
Por Dios, los Knicks y los Hornets tienen esperanzas de postemporada. Los mediocres Pacers de Indiana están considerados como equipo sorpresa en el Este. Mientras, Dallas y Phoenix se pelean por no medirse a San Antonio en la segunda ronda.
Estas razones son en busca de la justicia. De atletas más frescos y sanos, y por poner importancia en cada juego. Ayuda a justificar el mandar estelares a torneos internacionales. En el esquema de Stern se favorecen los dueños con más dólares, aunque muchos de ellos ni siquiera entiendan el juego, que entonces sufre la peor de las muertes.