Vincent M. Mallozzi
El Universal
Lunes 25 de diciembre de 2006
NUEVA YORK.- El autobús que llevaba el regalo de Navidad de Daniel Wachira salió del hotel Midtown Manhattan el pasado jueves.El autobús se dirigió al norte, hacia Harlem, a un evento de caridad llamado "Milagro en la Calle 138". Afuera de la iglesia Baptista Abisina, cerca de 20 mil personas recibieron cajas repletas de comida, artículos para el cuidado personal y juguetes, algunos entregados por miembros de los Knicks de Nueva York y los Lakers de Los Ángeles.
Mientras, Daniel, de cinco años, esperaba a que llegara su regalo, subió a los hombros de Larry Jones, fundador y presidente de Alimenten a los Niños.
La posición le daba a Daniel, quien mide 1.11 metros. Pero mientras veía a miles de personas recibir sus regalos, se preguntaba cuándo llegaría el suyo.
"¿Dónde está Kobe?", se preguntó. "Quiero a Kobe".
Daniel tal vez sea el mayor milagro presente en la Calle 138 Oeste.
Nacido el 30 de agosto de 2001, en un barrio de Nairobi, Kenia, apenas tenía unos días de nacido, cuando fue abandonado en un basurero, donde después fue atacado por una jauría salvaje. Una mujer que escuchó el llanto de Daniel ahuyentó a los perros, pero el lado izquierdo de su rostro había quedado deshecho. No tenía ni la oreja izquierda ni el dedo gordo del pie, y sangraba profusamente cuando llegó al hospital.
"Daniel estuvo a pocos segundos de la muerte", dijo Jones. "Si esa mujer no hubiera escuchado su llanto, no estaría aquí hoy".
El bebé fue bautizado por las enfermeras en honor al personaje bíblico Daniel, quien sobrevivió luego de haber sido lanzado a una cueva de leones por el rey Darío. Wachira es un apellido común en Nairobi.
En mayo de 2002, Daniel fue transferido al Centro de Niños Abandonados Frances Jones, un proyecto de Alimenten a los Niños. Frances Jones, esposa de Larry, comenzó a tomarle interés personal a Daniel.
"La primera vez que lo vi, se robó mi corazón. Me enamoré de él", dijo.
Los Jones se convirtieron en los guardianes legales de Daniel y lo llevaron a Estados Unidos, con la esperanza de encontrar médicos dispuestos a reparar sus heridas. "Creo que mi esposa le escribió a todos los cirujanos plásticos del país", dijo Jones.
Mientras buscaban, Daniel comenzó a enamorarse de los deportes de su nuevo hogar. Y comenzó a practicarlos. Desarrolló un cariño especial hacia el basquetbol, y un jugador en especial capturó su corazón".
"Kobe, Kobe", dice Larry Jones que Daniel canta cada vez que Kobe Bryant aparece en la televisión.
Los Jones encontraron a dos cirujanos de Houston, Sean Boutros y Michael Miller, quienes se voluntariaron a operar a Daniel sin costo. La primera cirugía fue el 1 de junio y la segunda el 1 de septiembre.
"Aún nos queda mucho camino", dijo Frances Jones. "Tal vez unos 10 años más de operaciones".
Tomó a Daniel de la mano y lo metió a la iglesia. Esperaron en un pequeño y silencioso cuarto, al lado de una ventana manchada que resguardaba a la Virgen María sosteniendo al pequeño Niño Jesús. Unos minutos más tarde, alguien llamó a la puerta. Daniel la abrió y vio su milagro.
"¡Kobe!", gritó, brincado a los brazos de Bryant.
Bryant dijo: "¿Cómo estás Daniel? Qué gusto conocerte".
Daniel dijo: "Oye, Kobe, estás alto". Bryant, aún con Daniel entre sus brazos le dijo: Todos piensan que mido 2.01. Pero aquí entre nos, realmente mido 1.92".
"Ohh, Kobe", dijo Daniel.
Mientras platicaron por 10 minutos más, Bryant le enseñó a Daniel a botar un balón. Cuando fue tiempo de despedirse, lo hicieron con un saludo y un abrazo.
"Adiós, Kobe", dijo Daniel. "Te veré por televisión".
"Bye, bye, Daniel", dijo Bryant. "Eres el mejor".
"Tengo dos niñas, una de tres años, la otra de siete meses", comentó con los ojos vidriosos. "Miro a Daniel, quien realmente es un chico milagroso y le doy gracias a Dios que estoy en una posición de ayudar a que su mundo sea más brillante. Pero él también le dio brillo al mío. Si yo fui su regalo de Navidad, entonces él fue el mío".