Desde pequeño, Óscar Pérez aguarda con ansiedad la llegada de cada 25 de diciembre.Además de la posibilidad de convivir con la familia, al Conejo le ilusiona abrir los regalos que suelen aparecer debajo del arbolito navideño.
La edad no importa. Este día, lo que cuenta es la tradición, la fe.
Ahora, el portero del Cruz Azul ya no sueña con juguetes, sino con éxitos familiares y deportivos.
"Deseo mejorar todo lo que se hizo en este año, tratar de seguir trascendiendo, obtener un título con Cruz Azul -que sería bien importante- y participar en la Libertadores, regresar a la Selección... Todo eso está en mente, pero hay que ir poco a poquito, trabajando, preparándose a conciencia", explica, mientras una enorme sonrisa ilumina su rostro.
Pero no todo se limita a la parte de su corazón que es azul, ésa que ha carecido de verdaderas alegrías durante los más recientes nueve años.
Óscar sabe que la estabilidad física y emocional es la base de cualquier éxito, por lo que espera abrir una caja que no contenga cosas materiales.
"Le pediría lo más importante, que es salud, trabajo para poder seguir ayudando a mi familia y mucha felicidad, paz para todos: mi gente y el resto de las personas", confiesa.
Y la fecha amerita una celebración importante.
Es cierto, Pérez y sus compañeros reanudarán mañana los entrenamientos de cara a la Interliga, pero hay que hacerse un tiempo para conmemorar la llegada de la Navidad.
"Festejo con una cena cuando entra la Navidad, que haya armonía y paz entre mi familia", anhela. "Pasar un rato agradable, con una rica cena, y después hacer una fiesta...".
En la que los sueños son una parte fundamental.
El Conejo nunca se excedió en sus peticiones para la Nochebuena y ahora no fue la excepción.
Sí, la carencia de éxitos cruzazulinos podría orillarlo a enfocar toda su energía en la espera de que el deseo se cumpla, pero eso no es algo que vaya con su estilo.
El arquero se conforma con recibir lo que no depende directamente de él. A cambio de eso, promete dar su máximo esfuerzo durante todo el año siguiente.
"Eso (el título de liga) se da como una consecuencia de que uno esté tranquilo, pueda desempeñarse bien dentro del equipo", asegura. "Es muy importante estar bien en el seno de la familia y todo eso se refleja dentro de la cancha".
Ese compromiso parece estar fundamentado.
Apenas han transcurrido un par de semanas desde que La Máquina regresó a las prácticas después de sumar otra decepción, pero la actitud con la que el hombre más experimentado del actual plantel se ha encontrado, le permite ilusionarse con cambiar una historia a la que -cada torneo- se le agregan capítulos llenos de tristeza.
"Como cada año, veo que el equipo estará comprometido, siempre siendo protagonista", sentencia orgulloso. "Vamos a trabajar muy duro para mejorar lo que se hizo en este año y poder ser campeones".
El trofeo no estuvo debajo de su árbol. Desde 1997 no aparece ahí, pero eso no hace que su fe desaparezca; al contrario, el "1" celeste espera estar festejando una Navidad más, dentro de 364 días, con la copa como principal invitada a su cena.