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Porra de Pumas: fidelidad a toda prueba

Arropa al equipo de sus amores con porras, cantos, brincos y pañolada
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Rodolfo Gaytán Romero
El Universal
Lunes 27 de noviembre de 2006

Como fueron recibidos fueron despedidos los jugadores de Pumas: 50 mil gargantas que entonaron el Himno Universitario e igual número de puños en alto.

¿Frío? ¿Cuál? En el estadio Olímpico hubo calor de hogar. Máxime que la directiva del Pachuca decidió, por cuestiones de seguridad, que su porra no asistiera a CU para evitar fricciones. Extraño fue ver vacía la cabecera sur. Así, todo el coso fue para los de casa.

El partido dejó mucho que desear. Lo mejor, a no dudarlo, estuvo en la tribuna. Domingo de rituales, de goyas, de cantos, de entrega, de animar al equipo azul y oro, de estrenar playeras.

Tal es el caso de Verónica y Katia, estudiantes del CCH Naucalpan, que con sus nuevas playeras doradas superajustadas hacen que el puma se vea más orejón. Ombligos al aire, blue jeans a la cadera y pañoletas. Bailan, cantan, apoyan.

Dos horas de alegría intensa.

-¿Quiénes les gustan?

-Yo, Sancho, está papi -con picardía confesó Verónica.

-Para mí, Leandro, mmm... -terció Katia.

-¡Ups! Llegan tarde. Están comprometidos.

-¡Aich!, si no los queremos para casarnos -respondió Katia, sin reprimir tremendas carcajadas, secundadas por su amiga.

Con vasos de cerveza en la diestra no dejan de agitar la otra mano, para impulsar a ir al frente a los Pumas de sus amores, al tiempo que entonan "¡Aeo, aeo, aeo!...".

Corría el minuto 52: un centro por derecha permitió a Carlos Rodríguez llegar solo por izquierda y rematar de cabeza. El balón se estrelló en el primer palo. El defensa Efraín Velarde no pudo despejar y Caballero logró vencer a Bernal que trató de evitar la horadación de pierna izquierda, pero el balón rebasó la línea.

Dio la impresión de que el cancerbero felino había atajado. Ni el sonido ni la pantalla electrónica dieron testimonio de la acción para evitar el golpe sicológico, pero cuando los Pumas pusieron el balón en movimiento en el centro del campo, el público cayó en cuenta.

A 25 minutos del final, el coro se generalizó: "¡Vamos UNAM, fiu, fiu, fiu! ¡Vamos UNAM, fiu, fiu, fiu!".

Minutos finales: el volumen del canto aumentó y una pañolada al estilo español fue el marco del adiós.

Y en la tribuna bajo el pebetero, Katia y Verónica se mimetizan en esa masa azul marino y oro intenso. Con sus pumas orejones, ombligos al aire; cantan, bailan. El rimel se corrió por las lágrimas de emoción. Había que desquitarse de lo que ya no se viviría más en esta temporada. Todo concluyó con el "¡Cómo no te voy a querer...!".



 

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