Abraham Guerrero G.
El Universal
Domingo 26 de noviembre de 2006
El primer gol del Cruz Azul sacó de sus casillas a Oswaldo Sánchez. El resto del encuentro fue el de siempre. Un salvador de la causa rojiblanca.
Fue un momento de locura. No por la caída de su marco, sino por la torpeza de Manuel Glower, quien había marcado una falta de Sánchez sobre el Chelito, pero dejó seguir la jugada en la que Richard Núñez acercó a los locales.
De haber mantenido su dictamen, era penal en favor de los Cementeros y segunda amarilla para Oswaldo. Pero Glower falló y el arquero chiva se puso como loco.
"¿Qué vas a marcar?", le gritó el arquero al árbitro, quien dio por bueno el gol.
Sánchez no encontró mejor manera de desquitar su coraje con Glower, que bajando la cortina en su marco.
Si bien, los Cementeros lograron una segunda anotación, Oswaldo salvó muchos más intentos de los locales.
Los desesperó, con sus lances y con un colmillo largo y retorcido que rasgaba cuantos segundos podía al reloj. Como líder del equipo, lo organiza.
San Oswaldo , rezaban los seguidores de las Chivas en las tribunas. Para ellos, tener a Sánchez es la mejor ventaja que pueden tener.
Todos pueden fallar en el Guadalajara, incluso el técnico con algunos cambios que quitaban fuerza al equipo, pero no él.
Hubo momentos, en los que no sólo tuvo que enfrentarse a los atacantes del Cruz Azul, sino también, a los yerros de sus defensores, quienes en distintas ocasiones durante la temporada regular le hicieron una mala jugada.
Y cuando su capacidad ya no le daba para atajar los remates de los atacantes celestes, lo acompañó la suerte. Tiros al poste, disparos por encima del horizontal. Oswaldo tiene un pacto con la portería.
Por todo eso, volvió a ser la figura del Rebaño Sagrado y será indispensable en el camino que las Chivas se quieren trazar rumbo al trofeo del Clausura 2006. Eso sí, no lo pueden perder, mucho menos, por manifestar su coraje contra los silbantes. Oswaldo, pero sobre todo las Chivas, tuvieron mucha suerte de que Glower fallara en no amonestarlo luego de su falta y después en no echarlo de la cancha por tremendos gritos que le pegó.