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Hay justicia para el superlíder, ¡Pachuca Campeón!

Un polémico penalti convertido por Núñez le da su cuarta corona a los Tuzos, segundo club en torneos cortos que se corona tras ser líder general
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  • Arturo Salgado Gudiño
    El Universal
    Lunes 22 de mayo de 2006

    PACHUCA.- Hay campeón, pero en el estadio Hidalgo aún se busca el futbol. Pachuca es el Monarca, un rey que se impuso en un duelo cuadriculado, donde los contendientes, sobre todo San Luis, apostaron por no perder y si no es por un polémico penalti que el árbitro Armando Archundia concedió a los Tuzos, quizá ahora aún se buscaría el anotador que marcara la diferencia en lo que fue esta insufrible final del Clausura 2006.

    Por mucho el ambiente superó a los contendientes. Demasiada pirotecnia. Música de Rocky y las familias de los jugadores Tuzos camufleadas en una carpa en forma de balón en el centro del campo para recibir a los jugadores de Pachuca como verdaderos guerreros que partían a la batalla.

    Enfrente. Apostados sobre una esquina del estadio los aficionados potosinos. Dispuestos a seguir soñando con un esfuerzo sobre humano a su equipo que con sus jugadores de la mano como colofón de una historia que resultó de ensueño luego de haber estado a un minuto del descenso.

    Demasiadas promesas que nunca entraron al campo.

    San Luis fue fiel a la escuela de su técnico Raúl Arias, timonel potosino que de poderse, bien pudo haber acomodado el autobús frente a su portería. En su planteamiento no alineó a un solo delantero.

    Dejó en el banquillo al joven maravilla de los potosinos: Ángel Reyna y a su compañero de goles: Didí.

    Arias venía a pagar con la misma moneda que le jugó José Luis Trejo el jueves pasado en San Luis, a jugar al filo del reglamento. Y al filo del reglamento moriría.

    Pachuca tampoco pecó en audacia. Atacó con lo previsible. Luis Ángel Landín y Richard Núñez y el resultado fue espeluznante. Digno de espantar a cualquier fanático del futbol. Un soporífero partido que llevaba el nombre de la final.

    Los primeros 45 minutos fueron eternos. Con el aviso más peligroso a cargo de los visitantes, más provocado por el nerviosismo que por la creación de San Luis. Fue sobre el minuto 14, en una mele al borde del área local que terminó un saque de banda.

    Pero el candado estaba cerrado y con la llave en el bolsillo de Arias. Con un bloque formado por Álvaro Ortiz, Octavio Valdez, Israel Marínez, Luis Ignacio González y Jesús Mendoza, delante de los cuatro zagueros, demasiada gente para que Chitiva y Caballero pudieran traspasar a los terrenos de Landín y Núñez.

    El descanso llegó y con él la esperanza de que los contendientes se decidirían a atacar. A buscar que se les proclamara como campeones, pero sólo se aventuró mayor intensidad con los ingresos de Reyna por San Luis y el joven Badillo por Pachuca.

    En el complemento, fueron a lo mucho 15 minutos de una más intensa lucha, antes de volver a caer en el letargo de toda la final. En general tuvieron que pasar 62 minutos para ver la primera jugada de creación. Un taconcito de Caballero dentro del área, para la entrada de Landían que estrelló su disparo en el travesaño.

    Entonces vino la graduación de Archundia, quien antes de partir a Alemania para pitar en el Mundial dejó como recuerdito un penalti rigorista a 12 minutos del final, que Núñez resolvió para marcar el destino del desteñido título.

    Sólo entonces la afición que abarrotó el Hidalgo pudo vitorear al nuevo monarca, en una final inolvidable, pero por lo mala que fue.

     
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