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Escalofrío; la muerte en el ring

El `Bombero` Sánchez es el púgil mexicano número 50 en morir tras una pelea de boxeo
Domingo 10 de julio de 2005 Francisco Ortiz Velázquez | El Universal

La muerte de Martín Bombero Sánchez el pasado sábado 2 en Las Vegas, Nevada, la mañana siguiente de haber sido noqueado por el ruso Rustam Nugaev, fue el fallecimiento documentado número 50 de un boxeador mexicano tras una pelea, desde 1932.

Se trata de una lista macabra (en los terrenos amateur y profesional) que en su mayoría entraña historias de infamia, negligencia, descuido, ignorancia y hasta salvajismo, pues algunos púgiles no fueron atendidos, otros fueron bajados del ring en un tablón o bien, en lugar de hospitalizarlos, los trasladaron a otra ciudad y fallecieron.

De acuerdo con el registro de "Manuel Velásquez Boxing Fatality Collection", un compilador que buscó la abolición del boxeo, pero fue ignorado, la primera muerte registrada en este deporte ocurrió el 24 de abril de 1741 en Londres, cuando George Stevenson cayó ante Jack Broughton en el tercer round, en peso completo, aunque poco antes, en Inglaterra hubo dos muertes cuyas víctimas quedaron en el anonimato.

En México, el 14 de febrero de 1932, Félix Barrón cayó ante Hugo Monterrubio y falleció, en Oaxaca, primera muerte de un púgil mexicano registrada en la historia.

Pero muchos casos todavía dan escalofrío, como el de Juan Arizmendi, quien murió por pelear tras haber sufrido un accidente de automovilismo en 1935 en Tampico; Vicente Hinosa o Hinojosa, quien peleó en 1934, pese a sufrir apendicitis y murió.

O el Pelón Silva, quien en Irapuato, en 1955, estaba muy golpeado, pero su mánager Ernesto Ugarte dijo que no tenía nada.

En 1965 en Londres, Chucho Saucedo fue noqueado y al caer se golpeó la cabeza en el filo del cuadrilátero y murió; al año siguiente, Fernando Blanco también falleció al impactarse contra las cuerdas.

Juan Carlos García murió en 1975, pues no recibió atención médica; en 1976, Miguel Gomar quedó inconsciente tras su pelea en Acapulco, pero en lugar de hospitalizarlo lo trajeron a México por carretera, seis horas. Y murió.

Quizá, los decesos más famosos por su dramatismo fueron los de Kiko Bejines en 1983 en Los Ángeles, quien quedó inconsciente tras su pelea ante Alberto Dávila, pero en la arena no había ambulancia; y la de Gerardo Drácula Derbez, ante Jorge Vaca en Guadalajara en 1985.

En septiembre de 1990, indignó la muerte de Jesús Ortiz Porras, de 15 años, quien fue llevado a Apatzingán por su mánager Lorenzo López a una pelea semiprofesional ante un rival de casi 40 años. Quedó inconsciente y pretendieron llevarlo a Morelia, pero en el camino dejó de existir.

Entre 1949 y 1950, en menos de seis meses murieron tres mexicanos, pero las décadas en que la parca más golpeó a este deporte fueron los 50 (10 muertes), 60 (seis fallecidos, de quienes cinco fueron en 1960) y 70 (15).

Entre 1930 y 1949 perecieron ocho púgiles; en los 90 cayeron siete y en esta década dos: Cresencio Mercado en Colorado, el 24 de abril de 2001 y Bombero Sánchez.

Pero también la muerte la han asestado mexicanos, como los casos de José Becerra, Lupe Pintor, Jorge Vaca y recientemente Gabriel Ruelas y Fernando Montiel, entre otros, cuyos oponentes murieron tras pelear con ellos.

La última muerte de un boxeador mexicano en la ciudad de México data en el año de 1953: Jesús Morales Ortiz, en la Arena Coliseo.



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