MIAMI.— El discurso de Peyton Manning fue tan sobrio como el traje negro que usó al salir del Sun Life Stadium, pero su mirada reflejaba esa frustración que experimentan los ganadores cuando sufren reveses.
El mariscal de campo de los Potros de Indianapolis no buscó culpables en la derrota. Halagó a sus compañeros y a los rivales. Prefirió guardarse las frustraciones para cuando llegue el momento de la reflexión consigo mismo.
“Jugamos bien, hicimos un buen partido”, afirmó el cuatro veces nombrado Jugador Más Valioso de la NFL. “Los equipos especiales, la defensa y el ataque hicieron su trabajo, pero hubo factores que no nos dieron la victoria”.
Aquella intercepción de Tracy Porter fue el más importante.
Manning falló a la hora cero y la posibilidad de ganar un segundo anillo de Súper Tazón se esfumó. El líder de los campeones de la Conferencia Americana cometió el error más trascendental del partido, responsabilidad que el pasador asumió tácitamente.
“Hace tres años ganamos este juego y comenzamos una gran celebración. Hoy (ayer) no lo pudimos hacer y debemos reconocer a los Santos, porque hicieron un buen partido”, reconoció. “Es tiempo de ellos, de su festejo, pero estamos seguros de que hicimos un buen partido esta noche”.
Para Drew Brees, sólo elogios. El mariscal de campo de Nueva Orleans fue reconocido por el adversario, quien considera que hizo méritos para proclamarse monarca en la NFL.
“Es un gran jugador, todos conocemos su capacidad”, atinó a decir la estrella de los Potros. “Estamos tristes porque no pudimos obtener la victoria”.
Podría decirse que es una derrota con sabor “diferente” para Manning, pues no es tan fácil olvidar la ciudad donde creció, donde se forjó el inicio de la leyenda en aquellos años donde su padre era la gran estrella de los Santos.
En su momento, Manning fue considerado toda una celebridad en Nueva Orleans cuando él y sus hermanos jugaban en la escuela Isidore Newman. Su padre, Archie, fue el rostro de los Santos en la década de 1970 y principios de los 80, cuando las bolsas de papel eran el objeto más socorrido por los aficionados, cuando las temporadas de gloria no parecían a la vista para los Santos.
Sus vínculos con Louisiana se fortalecieron aún más después de agosto de 2005, cuando la zona fue arrasada por el huracán Katrina y junto con su hermano envió allá un avión con víveres.