MONTERREY.— Aunque algunas veces parece que castiga por simple diversión, la pelota premia a quienes la tratan mejor. Monterrey fue el único equipo que la envió a la portería, en el triunfo de Rayados 2-1 sobre Santos.
Los regios saltaron a la cancha del Tecnológico con claras intenciones de abrir el marcador; sin embargo, su escasa contundencia les costó caro, al principio.
Daniel Ludueña se internó por la banda izquierda, fácilmente se deshizo de Duilio Davino; después aplicó la misma dosis a Gerardo Galindo. Lanzó un centro que desbordaba malicia, tanta que cuando Felipe Baloy intentó depejar, la pelota traicionera se metió en su propia puerta. El balón esbozó una sonrisa burlona, mientras los de la Laguna festajaban con su cómplice.
Así se fueron al descanso. A la vuelta, los Rayados olvidaron el rencor y volvieron a mimarla. Pronto recibieron su premio.
Al 46’, Aldo de Nigris mandó un pase a Osvaldo Martínez, quien sacó un disparo de media distancia que se coló en el rincón de la portería santista.
Tres minutos después, Humberto Suazo envió centro al área, De Nigris se levantó y conectó con la cabeza. Caprichosa de nuevo, la pelota apenas rebasó la línea de gol, dejando una estela de dudas y reclamos. Monterrey llegó a 29 puntos, pero aún no clasifica.