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MILÁN— El Real Madrid dejó escapar una ocasión única de fulminar la “maldición de San Siro”, estadio donde nunca ha ganado en Liga de Campeones, y vengarse de la derrota que le propinó el Milán en casa hace unos días; pero le faltó continuidad en su futbol para dar un golpe de autoridad y todo terminó en un empate a 1-1.
Kaká fue el gran protagonista del partido. Regresó a la casa donde se convirtió en el mejor del mundo. Donde su nombre se proyectó para devolver a lo más alto a un equipo pletórico de éxito en su historial. Activo en cada minuto, no se cansó de intentarlo. Hasta en cuatro ocasiones disparó a Dida. En una de ellas nació el gol madridista.
El brasileño guió el balón con elegancia hasta el inicio del área grande, pateó con la fuerza necesaria para que el arquero milanista no se quedara con la pelota. Karim Benzema se encontró con el rechace y lo empujó a la puerta. El francés se convirtió en el segundo madridista en marcar en San Siro en competición europea, retomando el testigo de Joseíto, quien lo hizo en 1956.
Era el premio justo al mejor Real Madrid de la temporada, pero la maldición de San Siro debía justificarse. En una acción aislada, Pepe se lanzó y desvió con el brazo un centro. Penalti. Ronaldinho no dudo y colocó en la escuadra su lanzamiento.
Como ocurrió en el Bernabéu, el Real Madrid pudo pagar caro unos minutos de duda. En esta ocasión el gol de Pato fue anulado. El árbitro interpretó falta sobre Arbeloa en un salto dentro del área, antes del remate con el que superaba a Casillas.
Esa intensidad se diluyó en la reanudación. El Milán adelantó líneas y pasó a tomar el mando. Ambrosini pudo reflejarlo en el marcador pero erró el cabezazo.
Pudo caer el partido para cualquier lado. Borriello rozaba un centro medido que detuvo Íker. Benzema y Kaká disparaban a las manos de Dida.
Los nervios de los minutos finales dejaron dos errores defensivos madridistas. Un fallo de Pepe en el despeje no lo aprovechó Inzaghi, que instantes después cogía bien la espalda a Albiol pero chutaba al lateral. Sin embargo, la gran ocasión final, tras un potente disparo de Marcelo, la inventó Raúl. Su zurdazo se topó con la manopla izquierda de Dida en la parada de un partido digno de la mejor competición del mundo. Real Madrid y Milán mostraron sus blasones y así quedaron empatados.
Los españoles encabezan el grupo C de la Liga de Campeones con 7 unidades, las mismas que los italianos, pero con mejor diferencia de goles.
Sin embargo, ninguno puede asegurar su clasificación a octavos, debido a que el Olimpique de Marsella masacró 6-1 al Zurich y llegó a 6 puntos. Los últimos partidos, sin espacio para el error.