Aquella Serie Mundial del 93, no pintaba muy bien para las grandes audiencias de la tv, con los relativamente jóvenes y con poco arraigo Azulejos de Toronto y los siempre mediocres Filis de Filadelfia, que venían de sucesivas temporadas perdedoras, sin embargo, la Serie Mundial tiene siempre listas las libretas de las grandes hazañas con hojas en blanco por escribir, es el tiempo de las grandes jugadas y los momentos sublimes, de las historias increíbles e impredecibles.
Filis y Azulejos dividieron victorias en los dos primeros juegos de la Serie en el majestuoso Skydome de Toronto, orgullo de Canadá, luego, los Azulejos ganaron dos de los tres en Filadelfia, incluido aquel memorable 15-14, para el sexto juego en Toronto.
Los Filis perdían 5-1 en la fatídica, con el as del pitcheo Dave Stewart en el montículo, cuando los bats de Filis explotaron, con enorme jonrón remolcador de tres carreras de Lenny Dykstra, su cuarto de la Serie, los Filis se fueron arriba 6-5, cuando Jim Fregosi llama en la parte baja de la novena entrada para cerrar y sostener la victoria al Wild Thing, sólo que en Toronto no hubo música par Mitch, sino abucheos, Wild estaba acostumbrado a esto y más, aun así, regaló base por bola a Rickey Henderson, Devon White recibió out por el jardín izquierdo, Molitor pegó hit al central, y vino Joe Carter, con instrucciones claras de sacar a Mitch de sus casillas.
Carter se queda como estatua a los tres primeros lanzamientos, dos bolas y un strike, la multitud gritaba con locura presionando al Wild Thing, quien hace abanicar a Carter, dos bolas y dos strikes.
La señal que recibe el cátcher desde el dogout es clara y precisa, lanzamiento hacia afuera, y así la transmite a su pítcher, pero sorpresivamente, Mitch no hace caso y decide lanzar hacia adentro, el lanzamiento favorito de Joe Carter, quien pega un jonrón escalofriante, para dejar tendido en el terreno a los frustrados Filis. Los Azulejos ganaron aquella Serie con un jonrón en la parte baja de la novena entrada del juego decisivo, algo que no ocurría desde que Bill Mazerovsky le dio el título de 1960 a los Piratas sobre los legendarios Yanquis.
Lanzamiento salvaje, lágrimas y caída libre…
Mitch Williams cayó sobre la alfombra verde llorando como un chiquillo, sus compañeros incrédulos se dirigían como zombis al dogout, el mánager Fregosi rumiaba el coraje ante tamaña desobediencia, mientras los Azulejos alzaban en hombros al héroe Joe Carter en el eterno contraste del deporte entre héroes vencedores y humanos vencidos.
Para Joe Carter fue el ingreso a la inmortalidad, sólo él y Mazerosky lograron ganar una Serie Mundial de un batazo sin posibilidad de respuesta, para Wild Thing fue el derrumbe total, la misma fanaticada que lo elevó al olimpo de los semidioses, le recrimina y hostiliza, a tal grado, que debió dejar Pennsylvania, debido a las amenazas y ataques a él y a su familia, buscó refugio con los Astros de Houston, pero ya nada fue igual, el fenómeno del Wild Thing desapareció, casi tan fugazmente como surgió en aquella memorable temporada de 1993, en la que dos oscuros equipos, con afición sólo local, escribieron una gran página inolvidable en el grueso libro de las historias y leyendas de la Serie Mundial.