futbol@eluniversal.com.mxCANCÚN.— Tenía que ser con el único lavolpista que renunció al lavolpismo. Sólo así se puede eliminar a un “viejo lobo” de las Liguillas. Sí, El Profe José Guadalupe Cruz, el mismo campeón del Apertura 2007, no se dejó enredar por el adormilamiento del mejor visitante del torneo y terminó por imponerse a Tigres, aunque sólo fuera por mejor posición en la tabla general: 1-1 (2-2 global).
Oportunidades, los norteños, las tuvieron. Lucas Lobos fue el más peligroso, pero esta vez, a Manuel Lapuente no le alcanzó su bagaje en la fiesta grande para echar a un equipo que tiene gol y además sabe defenderse.
Al menos en el primer tiempo, Tigres parecía con el partido en el puño. Justo donde Lapuente lo quería. Adormilado, sin que el potro tuviera libertad para correr y con sus fieras listas a lanzar el ataque.
Los azulgrana dominaron los primeros minutos, tuvieron los primeros disparos al arco, pero nada que pusiera en real peligro al visitante.
Tigres se mostró calmado y para la media hora ya era dueño del terreno, aunque con disparos a intervalos, como el de Guillermo Marino que atajó Federico Vilar, o un par más que siguieron de Lucas Lobos, uno desviado y uno con oportuna intervención del cancerbero atlantista.
El descanso se acercaba y Lapuente ya planeaba el golpe maestro de la segunda mitad, pero en plena agonía, todo se derrumbó para el tigre y se aclaró para los dueños del Andrés Quintana Roo.
Fue una genialidad de Gabriel Pereyra, de esas que en Cruz Azul rara vez prendía, pero que en Cancún no son extrañas, un disparo bombeado y cruzado para la ventaja local.
El segundo tiempo fue un andar lento para Tigres, lento hasta la media hora de la parte complementaria.
Y es que, los norteños tuvieron una ligera esperanza a 15 minutos del final, en un error del potro, con un autogol de Mustafá, 1-1, 2-2 global, pero aún insuficiente para avanzar.
Pero nada. El lapuentismo esta vez no pudo, sucumbió como tenía que ser, ante el único técnico lavolpista que se ha coronado en el futbol mexicano, claro, aunque paradójicamente, renunciando al lavolpismo.