jose.parra@eluniversal.com.mxSAN PEDRO SULA.— Es apenas una centena de personas, con banderas catrachas, que anticipa cada paso del operativo de seguridad, el cual procura —sin éxito— evitarle contratiempos a la Selección de México, en su arribo a suelo hondureño.
Un autobús, frente a la puerta principal del aeropuerto, parece aguardar al Tri. Pero no, en realidad hay otro vehículo idéntico en la parte posterior. Y hasta allá van a parar los fanáticos, que se suman a otro centenar, pero de reporteros.
Una camioneta estorba el acceso y el resto de la tarea la ejecuta una veintena de miembros de la policía nacional. Mantienen a la distancia a la gente, que lanza toda clase de improperios en contra de los futbolistas.
“¡Están cagados...!”, gritan en coro; “¡México, go home!”; “¿cuál es el miedo?”, son las expresiones que se escuchan en la terminal aérea, durante la llegada del equipo Tricolor.
Algunos ondean la bandera hondureña, otros portan una manta con la leyenda: “Mexicanos naturalizados, aquí en Honduras los haremos bailar punta con seleccionados hondureños, 100% catrachos, les callaremos la boca...”, amarrada a una trompetita que rechina de vez en vez.
Y es que, las críticas de los seguidores locales se mofan del “nuevo Tri”, porque —según ellos— son unos “¡naturalizados!”. “¡Jugaremos contra el resto de Sudamérica!”, insisten, burlones, porque consideran la presencia de Matías Vuoso y Antonio Naelson Sinha suficiente motivo para reírse del representativo mexicano.
“¡Márquez, Márquez, Suazo es tu papá!”, insisten en gritar.
El arribo se produce poco antes de las 19:00 horas y el autobús llega al filo de las 20:00 horras al hotel de concentración, porque (como estaba previsto) no iba a ser posible pisar la cancha del Olímpico Metropolitano, pese a la cercanía con el aeropuerto, entre otras razones, por realizarse a esa hora la práctica del conjunto local.
La explicación que da el técnico, Sven-Göran Eriksson, es que “sabíamos que el tiempo, aquí, es malo, por la lluvia; por eso decidimos entrenar bien durante la mañana en México, porque era importante para nosotros aprovechar el único buen entrenamiento todos juntos”.
El viaje incluye un desfile de autos, que transportan reporteros y fanáticos catrachos, mientras otra camioneta traslada a los directivos mexicanos de la delegación.