alba.jaramillo@eluniversal.com.mxGUADALAJARA.— De México es el tequila, el mariachi, las Chivas del Guadalajara y también, el “ya merito” y el “ahorita”.
Ayer, la afición que asistió al estadio Jalisco para el partido semifinal de la Copa Sudamericana entre Chivas e Internacional de Porto Alegre, presenció un partido muy a la mexicana.
Guadalajara desperdició oportunidades claras y cayó 0-2 ante el Inter de Porto Alegre. Fuera del título, el partido no parecía una semifinal, el estadio semivacío, los jugadores sin ímpetu y los mexicanos intentando y consiguiendo a medias, muy lejos de lo esperado.
Casi conecta un cabezazo, casi recibe un servicio, casi mete un gol, eran las expresiones que volaban al aire. En el ya merito se fue el primer tiempo, con tres opciones de gol, pero el grito se quedó atorado en la garganta de los aficionados que decidieron asistir al estadio Jalisco.
La primera llegó por conducto de Édgar Solís, quien mandó un servicio para Omar Arellano, pero no pudo concretar.
En menos de 10 minutos se presentaría otra, que también desperdiciaron. En un contragolpe, Juan Antonio Ocampo se metió al área, recibió el balón con el pecho y debido a una falta de atención, pensó que era fuera de lugar y dejó morir la jugada, aún cuando se encontraba solo.
La tercera y última de la primera mitad llegó por parte de Arellano, quien falló un remate ante la portería, dejando respirar al arquero Lauro Batista da Cruz.
Pero el ya merito se acabó a los 24 minutos de la segunda mitad del encuentro, al menos para los brasileños, que aprovecharon un descontrol en la defensa y la velocidad de Nilmar Honorato da Silva para convertir el primer gol que dejó frío al ya de por sí desanimado estadio Jalisco.
Con el orgullo herido, las Chivas se lanzaron al ataque.
Omar Arellano falló en un remate de cabeza solo contra el portero, luego del balón que le puso Marco Fabián de la Mora, del lado derecho.
Una zancada más, un sprint más rápido, un segundo antes de reacción. Nada de eso llegó para Chivas.
Pero sí para el Porto Alegre, quien por conducto de Alex Meschini, en una jugada a balón parado, logró concretar el segundo gol que llevó al suelo al equipo mexicano.
No hubo grito de guerra anoche en el estadio Jalisco, ninguno de ellos aprestó sus armas ni defendieron su suelo. Los únicos cañones que retumbaron fueron los del equipo rival, que sin miramientos, desbarataron a uno de los equipos más representativos de México.