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Se ahorran las tomografías y los estudios que podrían salvar vidas como la de Daniel Aguillón; en EU realizan estudios especializados

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    José A. Parra y Juan P. Estrada
    El Universal
    Miércoles 05 de noviembre de 2008
    jose.parra@eluniversal.com.mxjuan.estrada@eluniversal.com.mx

    El examen para certificar la condición médica de Daniel Aguillón no requirió más allá de un estetoscopio, un baumanómetro (para medir la presión arterial), una lámpara y un banquito.

    —¿Qué clase de exámenes se realizan a un boxeador? —se le preguntó a Francisco Daza, el jefe de los Servicios Médicos del estado de México y quien supuestamente revisó a Daniel Aguillón.

    —Nada especial: tu reloj, tu baumanómetro, tu estetoscopio, la lámpara y nada más. En el examen anual ya se les piden más cosas —responde Daza.

    El resultado: nadie podrá determinar ahora si Daniel Aguillón tenía una condición que lo predisponía a la muerte, como ocurrió el pasado 20 de octubre, cinco días después de una pelea en la que fue noqueado aparatosamente.

    ¿Resonancias? No, son caras

    Esteban Martos, médico durante 25 años de la Comisión de Box del DF, considera que es mentira que no hay culpables. Hace tiempo expuso la necesidad de implementar pruebas especializadas en torno al cerebro.

    “Me tildaron de loco, hace años, cuando dije que a todo boxeador que fuera a debutar le hicieran una angiografía cerebral, para ver si no había un aneurisma. Usted puede vivir con eso hasta que crece y, un día le revienta y se muere”.

    ¿Por qué no lo hacen? Porque es un examen muy caro.

    “Si tienes un aneurisma cerebral, no peleas y ya, se acabó. Es una tremenda omisión. Y es sólo una de tantas.”

    Los exámenes obvios

    No hay que ser médico para entender la relevancia de conocer el estado del cerebro de una persona que pretende ganarse la vida a golpes.

    Las Vegas es la meca del boxeo. Los rige la Comisión Atlética del Estado de Nevada. Y ahí no se andan por las ramas, nada de banquitos y lamparitas y mucho menos certificados falsos.

    Para obtener y mantener la licencia cada púgil se realiza una resonancia magnética que muestra imágenes del cerebro para determinar si hay lesiones. Y otra que revisa las venas y los vasos, para saber si hay algo que ponga en riesgo su vida.

    También les hacen el examen de retina, pero lo realiza un especialista en visión, certificado por el estado.

    Además, antes y después de cada pelea, debe practicarse un electroencefalograma, como parte del estudio médico general, para observar si no existe alguna lesión potencialmente peligrosa.

    “Tenemos al menos tres doctores en ring side, así como una ambulancia con al menos dos personas certificadas por el Estado en técnicas de emergencia médica avanzadas en el lugar del programa y estar dispuestas y para transportar a un peleador caído que necesite ayuda médica”, señala el director ejecutivo de la Comisión, Keith Kizer.

    En el Foro Scotiabank no tenían ni siquiera quién subiera al lesionado a la ambulancia.

    Existen exámenes y pruebas muy detalladas que exige la Comisión a los peleadores, como son los test de información sobre hidratación y deshidratación, cirugías de ojos, estudios sobre los protectores bucales, tratamiento de contusiones, exámenes antidoping; todo ello como parte de las medidas de precaución que se deben observar en los púgiles antes de que participen en una función de boxeo en Las Vegas.

    Las pruebas de a mentiritas

    Aquí los exámenes son rudimentarios. Julio Zárate, La Sombra, los ha hecho aquí y allá.

    “Aquí te suben a un banquito, te bajan, te checan la presión y ya estás apto para pelear. Allá te hacen examen de sangre, de sida, de fondo de ojo, de la cabeza, de todo, para poder pelear”.

    Abner Mares no pasó el examen de la vista allá. “No lo autorizaron en Estados Unidos, pero aquí habría peleado”, dice Zárate.

    ¿Por qué pasa esto? Porque no existe un reglamento que exija los exámenes completos y no permita discresionalidades como la de enviar a un púgil con una derrota en cuatro rounds a disputar un título en 12 rounds, de un día para otro.

    El reglamento que existe es obsoleto. Data de 1996, de cuando aún había regente en el DF y existía ProDDF.

    Cuando Dione Anguiano fue directora del Instituto del Deporte, se formuló un reglamento, pero éste nunca fue aprobado.

    “¿Sabes por qué? —cuestiona el mánager Carlos Rosales—, “porque con un reglamento no habría discusión. Esa pelea no va porque lo dice el reglamento, no puede pelear de cuatro a seis rounds, así nada más. Sin reglamento en la comisión hacen lo que quieren”.

    ¿Quién tiene el control? Hay periodistas que son juez y parte, y formulan las clasificaciones. Nadie controla que haya alteraciones en los records. Cualquier cosa puede pasar.

    Sí, asegura la gente del boxeo, es necesario un cambio en la Comisión de Box del DF. Falta saber cuándo...

     
     

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