daniel.blumrosen@eluniversal.com.mxY las Águilas se encontraron con la hostilidad que imaginaron durante toda la semana.
Aun como visitante, el América está acostumbrado a dividir las tribunas, la pasión... Pero no en Ciudad Universitaria.
Eso explica las medidas de seguridad que la directiva amarilla implementó para el duelo en el cubil de los Pumas.
Ramón Díaz, sus pupilos y la cúpula azulcrema, arribaron al Olímpico Universitario poco menos de dos horas antes del silbatazo inicial de Francisco Chacón.
La caravana americanista incluyó nueve camionetas blindadas, un automóvil con elementos de seguridad, una patrulla de vigilancia de la UNAM, otra de la Secretaría de Seguridad Pública y dos motociclistas.
El ‘ritual’ fue repetido casi una hora después del final del cotejo. Cuando las Águilas llegaron sanas y salvas a su hotel de concentración, la misión terminó, con el adjetivo de “altamente exitosa”.
Porque, más allá de la unidad rescatada en la cancha, el América salió airoso del inmueble en el que más visitante se siente en todo el futbol mexicano.
Y vaya que su directiva lo experimentó en carne propia.
Michel Bauer y Yon de Luisa, presidente y vicepresidente del equipo, respectivamente, así como Rafael Márquez Lugo y Juan Carlos Medina —quienes ni siquiera fueron tomados en cuenta para salir a la banca—, además de otros integrantes del club, fueron colocados en un palco que se ubica en la planta baja del estadio, justo debajo del pebetero.
Un vidrio y algunos elementos de seguridad fueron lo único que los separó de la afición universitaria.
A final de cuentas, el objetivo era que el acérrimo rival de los felinos se sintiera ajeno a CU... Y lo consiguieron.