NUEVA YORK (AP).— Hasta Yogi Berra sabía que era el fin. Mientras el beisbol se despedía del Yankee Stadium, uno de los peloteros más queridos apareció completamente uniformado. Ahora de 83 años, el hombre que acuñó la frase: “Esto no se acaba hasta que se acaba”. Fue la cereza del pastel.
“Sólo sé que es una pena ver que terminó”, dijo Berra.
El adiós completó una época de 85 años como casa del equipo más ganador de la historia. Y lo que Babe Ruth comenzó en una tarde de abril de 1923, terminó con Mariano Rivera en la loma, preservando un triunfo de 7-3 sobre Orioles de Baltimore.
Y todos los grandes fueron recordados durante una ceremonia de 65 minutos previa al inicio del juego, incluyendo 21 peloteros retirados y seis de ellos en el Salón de la Fama.
“Siento como si perdiera a un buen amigo”, dijo Reggie Jackson a la afición.
Niños y jóvenes representaron el orden al bat de aquel primer juego. Y luego aparecieron las leyendas que hicieron de los Yanquis un sinónimo de excelencia.
Willie Randolph llegó barriéndose. Paul O’Neill agradeció a la tribuna de jardín derecho. Bernie Williams volvió luego de haber sido cortado dos años antes y recibió la mayor de las ovaciones, por casi dos minutos. Don Larsen recogió tierra de la loma, y también lo hizo Whitey Ford.
Ninguna mención se hizo a Roger Clemens, cuyo legado ha sido puesto en entredicho por acusaciones de uso de sustancias prohibidas. Julia Ruth Stevens, la hija de 92 años de Babe, hizo el primer lanzamiento ante unos 54 mil 610 aficionados, por lo que Yankee Stadium recibió a un total de 151,959,005.
“Es muy triste que el Yankee Stadium deje de existir”, dijo. “Me hubiera gustado que hubiera permanecido erguido, pero supongo que todo y todos tenemos un final”.
Y para la casa de los Yanquis, ese final fue memorable, histórico y oportuno, pues les evitó la eliminación... al menos por un día más.