francisco.salgado@eluniversal.com.mxEl Gato (Ortiz) tentó a la fortuna. Llegó al Azul a retar a la porra celeste, a increparla a que gritara más fuerte insultos en su contra, confiado en sus vidas felinas, en el sufrimiento de Guillermo Álvarez, presidente de Cruz Azul, ante las fallas de sus artilleros, en los aspavientos de Eduardo de la Torre, vicepresidente celeste, pero al final tuvo que cargar con la tercera derrota (2-1) de los Rayos en la campaña, ante una Máquina que ayer tuvo piedad, y no se ensañó con un equipo que con el empate sólo apostó a defenderse.
La afición cementera podrá reclamar por más goles, aunque no por emociones y es que su equipo mantuvo el partido en un hilo todo lo que pudo.
Sí, era para una goleada, para que Necaxa saliera del inmueble de la colonia Nochebuena adolorido de tanto cuero encajado, pero no había forma de que el conjunto local marcara en los primeros 90 minutos.
La muestra de su necedad de falla: Riveros. El playera 7 tuvo un balón dentro del área chica, con marco abierto, listo para empujarlo, pero de manera absurda se lo regaló con un machucón al Gato.
Parecía que el guardameta y su felino mote le haría una tarde de lodo a los de casa.
Pero en el segundo tiempo el juego hizo de rehilete. Porque Cruz Azul anotó cuando menos se esperaba. Tuvo que sacar la cara para ello Pablo Zeballos, en un remate atropellado para una ventaja que advertía sobre la apertura del zaguán rojiblanco.
El problema es que cuatro minutos después, Hugo Rodallega anotaba de tiro libre y con la colaboración de Yosgart Gutiérrez, el empate que hacía manotear a De la Torre y a Guillermo Álvarez llevarse las manos al rostro.
Entonces Necaxa se lamentó porque no le dejaron ingresar el camión a la cancha para reforzar los lances de Ortiz.
Cruz Azul intentó. Falló Lozano en un mano a mano, falló Vigneri, falló Villaluz, y parecía que fallarían todos y el Gato podría añadir a sus múltiples tatuajes de iguanas, estrellas y felinos en sus brazos el de una cruz de cemento.
Pero vino un momento de desconcentración. Una falta al fair play, acusarían los elementos visitantes, porque mientras un jugador necaxista se revolcaba en el césped por atención, Villaluz no detuvo su carrera que terminó con centro hacia el remate de Riveros, quien se sacó el hueso atorado para darle el triunfo y el liderato en solitario del Grupo de la Muerte a La Máquina.
Por eso el Gato tuvo que retirarse del campo en silencio, mientras los aficionados azules elevaban la voz para celebrar una nueva victoria.