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Verde… gris... verde. De la luz a la oscuridad y de regreso en 90 minutos. Las individualidades han salvado a Sven-Göran Eriksson de una terrible carga.
Ayer, Pável Pardo y una pierna derecha de fantasía. Se esperaba que fuera Cuauhtémoc Blanco. Para como estaba la situación, el nombre era lo de menos. Marcador final: 2-1. México ha vencido a Honduras. Un paso más rumbo al Mundial.
Lo dicho, todo resultado positivo que pudiera lograr el Tricolor vendría con la calidad de los futbolistas consagrados. Ya vendrá el tiempo de los jóvenes. También, el de un mejor juicio por parte del estratega sueco.
Eriksson se presentó ante los mexicanos en el Azteca con una alineación atrevida. Dejó fuera a hombres de experiencia como Guillermo Franco y Gerardo Torrado para amarrar la media cancha con Leandro a lado de Pardo y dejar la responsabilidad del ataque a Giovani dos Santos y Carlos Vela. Faltaba algo.
Honduras, que para entonces no había llegado a la meta de Oswaldo Sánchez, se hizo de la ventaja con algo más que fortuna. Julio de León (35’) cobró una falta que pegó en la barrera y venció al arquero mexicano. Se vino lo más gris de la noche. Una mezcla entre desesperación y esperanza.
Eriksson parecía perdido en la banca. Se acercó a Hans Backe. No le ha convencido. Fue con Paco Ramírez. Y aguantó el cambió, aún cuando se le pedía a gritos.
Mediotiempo; 15 minutos de incertidumbre. Toda una eternidad. México salió a la cancha sin cambios. Eriksson aguanta el movimiento. La angustia de ver al ‘10’ en la banca aumentó el nervio. No había mexicano que para el minuto 60 no sintiera que la angustia le devoraran. Eriksson tardó en entender lo que el Azteca gritaba con descaro. Por fin. Cuauhtémoc Blanco dejó la casaca de calentamiento.
La entrada de Blanco tuvo el impacto esperado. Confianza en las tribunas y preocupación en los rivales. Espacios para el Tri que ya había hecho recorrer a los hondureños bastantes metros hacia su marco. Ocupados con Cuauhtémoc, los goles vinieron de quien probablemente menos se esperaba.
Minuto 73: Pardo recogió un rebote por el centro y lo convirtió en gol: Un derechazo potente, colocado. El mediocampista mexicano supo que era gol desde el mismo impacto. Tres minutos más tarde, otra vez Pável, con servicio que nadie toca y se cuela hasta las redes.
Debut sin convencer, cierto, pero los dardos del letal salvador Pardo bastaron para suspirar.