cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxBEIJING.— Tienen cuerpo de superhéroe de cómic. Las venas quieren traspasarles la piel. Cada músculo está definido, es perfecto. Imposible no mirarlos en conjunto. Cuando los presentan en el Indoor Stadium en grupos de seis, las mujeres se quedan mudas. Simplemente, estos hombres no se miran en la calle. Es como si le hubieran puesto carne, hueso y mallitas a Superman o el Hombre Araña y los trajeran en vivo a Beijing.
Antes de subir al caballo con arzones, a las argollas, barra fija y barras paralelas, sus brazos ya impresionan y lo que parecía no poder mejorar, sorprende, pues mientras avanza su rutina, los músculos comienzan a hincharse y te los presentan desde todas las perspectivas.
El público tiene la mirada fija en los cuerpos. Mientras dura la rutina, el silencio es un acuerdo. La gente clava los ojos en cada movimiento del gimnasta. Es una exhibición de fuerza, belleza masculina y armonía. Cuando los pies del monumento muscular tocan la colchoneta, el aplauso se escucha.
Son 24 hombres perfectos los que compiten en gimnasia artística. Del ombligo para arriba forman un triángulo y los músculos de sus piernas largas sólo se interrumpen con dos glúteos bien marcados.
Cada prueba es una oportunidad para mirar desde todos los ángulos posibles. Si giran tomados de la barra fija, se miran de cabeza, de lado, de frente, con las piernas arriba, abiertas. Si suben a las argollas, los brazos se marcan redondos, el hombro es un círculo y sus bíceps causan envidia.
Este deporte no tiene nada de femenino, por el contrario, es estético, pero imponente. Son cuerpos que al moverse desafían la gravedad. Mantienen el equilibrio, no titubean. Nunca pierden lo estético, ni en la barra, ni cuando vuelan.
Los más aplaudidos, los chinos. Si en ninguna calle del mundo estos hombres son comunes, en China, menos. Por eso cuando Yang Wei comienza a empolvarse las manos, los flashes de las cámaras se disparan. Este hombre rompe con todos los paradigmas de la genética china.
No es menudito, él se muestra redondo, fuerte, con carácter. En un traje de licra rojo de la marca Li Ning levanta suspiros. Las chinas son poco expresivas, pero con este hombre se levantan del asiento. Termina su rutina perfecta y el estadio le rinde un ¡Ohooooooo!
Las cámaras se abalanzan hacia él. Se le ocurre juntar los dos puños, hacer fuerza con los brazos y demostrarle al mundo que China también sabe de músculos. Las banderas rojas con estrellas amarillas son mayoría, tienen a su ídolo con el cuerpo redondo y la mirada rasgada. No sólo es la medalla de oro, sino el más musculoso de los 24. Sublime dentro de la perfección.
Está parado con su ramo de flores, levantando el brazo, con las axilas sin rastro de vello, pero no le hace falta para verse completamente masculino. Afuera del estadio, en las calles de Beijing, llueve y los hombres siguen pareciendo mortales.