deportes@eluniversal.com.mxBEIJING.— El sistema para detectar la eritropoioetina (EPO) es, probablemente, una de las operaciones más sofisticadas y delicadas que se llevan a cabo en los Juegos Olímpicos, todo un desafío a cargo de un Dream Team de científicos.
La precisión es fundamental, porque el honor de los deportistas está en juego y eso lleva a que los científicos a cargo se tomen su tiempo. Puede llevar, incluso, a que los análisis se envíen a París, tal como sucedió en el caso de la ciclista española Maribel Moreno, que quedó el domingo marcada como el primer positivo en Beijing 2008.
“El proceso de análisis de la EPO (eritropoietina) tarda, no es inmediato”, dijo un experto internacional que trabaja en el corazón del sistema de control antidoping de los Juegos. Quiso permanecer en el anonimato.
Así es que en el laboratorio, emblema de la flamante Agencia Antidoping China (Chinada), se cruzan a diario expertos como la canadiense Christianne Ayotte, directora del prestigioso laboratorio de Montreal, o el estadounidense Don Catlin, responsable del no menos renombrado de Los Ángeles y el hombre que descubrió el método para detectar el esteroide THG que consumía Marion Jones.
Moreno fue sometida a un análisis de orina el 31 de julio, poco después de arribar a Beijing. El primer análisis de la muestra dio positivo, lo que permitió ya al COI inhabilitarla.
Pero para saber el resultado del análisis que llegó al laboratorio parisino de Chatenay-Malabry en la noche del domingo pueden necesitarse hasta 72 horas. “La muestra estaba muy diluida, había que tener un cuidado especial”, añadió la fuente.
A diferencia de los esteroides anabolizantes y los estimulantes, en los que los análisis antidoping ofrecen conclusiones claras en forma de cifras concretas, la EPO es una pequeña nebulosa: los resultados gráficos son interpretables, no objetivables, y eso determina que, para decidir un positivo, un mínimo de tres directores de laboratorios deban intervenir y dar su veredicto de experto.
El brasileño Eduardo De Rose, presidente de la comisión médica de la Odepa y experto en EPO, aseguró que no es verdad que la segunda o tercera generación sean más difíciles de detectar.
“Lo que permiten las diferentes generaciones de EPO es más facilidad para los pacientes renales”, dijo De Rose. “Con la más antigua se necesitaban aplicaciones diarias, con la NESP (darbepoetina), semanales, y la nueva prácticamente mensuales”. Eso le mejora la vida a los enfermos, pero facilita también el consumo por parte de deportistas que buscan aumentar el rendimiento.