a.jaramillo@eluniversal.com.mxBEIJING.— Hace cuatro años, cuando el boxeador Arturo Santos Reyes quedó sin oportunidad de competir en los Juegos Olímpicos de Atenas, su padre le prometió que estaría vistiéndolo para su pelea en los próximos Juegos.
Hoy, esa es una promesa cumplida. José Alberto Santos consiguió, de último minuto, la manera de acompañar a su hijo a Beijing y lo acompañará en el recorrido a su primera pelea en la madrugada de este lunes.
Apenas divisó a su padre en el lobby del hotel y Arturo se acercó para abrazarlo efusivamente; a miles de kilómetros de distancia, la sangre llama.
“Te dije hijo que yo iba a ponerte ese gabón para China y aquí estoy”, afirmó emocionado el padre del púgil, mientras evoca ese recuerdo en el primer encuentro que tiene con su hijo después de varios meses de no verlo.
Ese gabón es muy especial para Arturo, pues se lo regalaron como si fuera parte de la selección que compitió en Atenas 2004 y aunque se quedó corto en esa ocasión, sabía que el escudo nacional que lleva en el pecho esta prenda será bien representado, pues en caso de que no la porte él, será su padre quien lo lleve de camino al ring. Don José Alberto se había resignado a tener que atestiguar la competencia de Arturo por TV, pero de repente una llamada lo puso en alerta; su vuelo estaba ya programado y tenía que salir en un par de días hacia tierras orientales.
“No iba a venir, pero el gobierno de Tamaulipas —de donde es originario— le consiguió un boleto de avión para que pudiera estar aquí”, explicó el púgil que peleará en la categoría de 57 kilogramos, “aunque ya que tenía el boleto no encontraba hotel, le dije ‘búsquele algo debe haber’”, agregó.
Su padre no lo pensó dos veces y se embarcó a la aventura; del otro lado del mundo estaba una parte de su corazón.
“No sé, me han pasado muchas cosas en mi vida y ahora comprendo el esfuerzo que hace Arturo, atravesar el mundo y venir a competir, está duro, si yo que nomás vengo aquí así está duro”, comentó don José Alberto, mientras viajaba en el taxi con su hijo rumbo a la Villa Olímpica para conocerla por fuera a la espera de que en los siguientes días le consiguiera un pase de invitado.
Para Arturo, el tener a su padre en uno de los momentos más importantes de su vida fue como combustible para echar a andar una maquinaria que está ansiosa por comenzar su andar.
“Tengo cinco meses que no veo a mi papá”, mencionó. “Ando feliz porque ya lo vi. Me agradó bastante que viniera, a parte es una buena motivación para mí, me gusta que esté aquí apoyándome en mi pelea, eso es bueno”, añadió. Su padre sabe lo significativo que será presenciar la primera pelea de su hijo y la emoción lo desbordó, sin que pudiera esconder la enormesonrisa. “Estoy muy orgulloso”, dijo.
Para llegar a Beijing, José Alberto tuvo que superar algunas complicaciones con la policía de aduanas en Canadá, que pretendían retenerlo, pues alguien con su mismo nombre tenía antecedentes en Estados Unidos. Sin embargo se aclaró el asunto y lo dejaron proseguir a Beijing, donde un mundo completamente distinto lo esperaba.
“Nos vinimos no’más con el puro valor, andaba bien asustado, pero ya estamos aquí, a dar el mejor esfuerzo ¿verdad negro?”, dijo José Alberto a su hijo.
“Vamos a ganar”, remató con confianza, ante la sonrisa complaciente de Arturo, quien aprovecha el encuentro con su padre para platicar de lo que más ama, el boxeo.
Ambos charlaron holgadamente sobre la pelea que dio el mexicano Antonio Margarito contra el puertorriqueño Miguel Cotto hace unas semanas; reviven en ese momento la emoción que sintieron cada quien por su lado al ver el encuentro.
La próxima vez que hablen de una pelea será la de Arturo, quien debutará el lunes a las 6 de la mañana hora de la ciudad de México, siete de la noche en Beijing.