cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxBEIJING.— La seguridad echó a perder la fiesta en las calles de Beijing. A cinco kilómetros quedó la posibilidad de ver los fuegos artificiales de la inauguración. Cercaron toda la periferia del Nido de Pájaro. Sólo quienes viven ahí pudieron tomar lugar en las banquetas.
Lejos del Nido de Pájaro las plazas también estuvieron controladas. Los turistas y chinos anduvieron por horas tratando de obtener el mejor lugar para vivir la experiencia. Al final, terminaron en alguna de las pantallas gigantes de la ciudad, donde también hubo pocos lugares para entrar. Quien llegó antes de que cercaran el área, la hizo, quienes no, tuvieron que caminar kilómetros para encontrar otra pantalla gigante.
En las plazas más importantes hubo mucha presencia de policía. En Tiananmen, que era la esperanza de muchos, dejaron pasar a pocos.
La inauguración en las calles fue 90% china y eso le dio un toque especial. Cuando miraron lo sorprendente del espectáculo de inauguración, hicieron un “¡ooohh!” largo, todas las veces que la bandera china hizo aparición en las pantallas gritaron en conjunto “Viva China”, en mandarín.
Sin soltar la bandera de su nación, miraron orgullosos la pantalla. Todo lo trabajado comenzó a rendir frutos.
Hubo mexicanos. Se pusieron de verde y aunque fueron unos 15 llevaron la ola a la calle de Wanfujing. Corearon “¡México, México!” en cuanto apareció Paola Espinosa en las pantallas. A los chinos les encantan los mexicanos. Éstos, igual que el día del izamiento de bandera, llamaron la atención por dicharacheros.