cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxBEIJING.— Sin un boleto o una acreditación lejos se está del ambiente olímpico. Quienes visitan Beijing llegan hasta el Cubo de Agua y Nido de Pájaro con la esperanza de conocer las instalaciones y se desilusionan cuando tienen que recargarse en una valla metálica a simplemente tomarse una foto. Las estrategias de seguridad los alejaron un kilómetro de la zona olímpica.
Las Olimpiadas parecen privadas. Todo lo relacionado con los Juegos está muy lejos del alcance de los visitantes. El lugar más protegido es la Villa Olímpica, ahí es necesario entrar en auto, caminando nadie pasa. La única forma de ver a los atletas, por lo menos a los más famosos, es en televisión, los menos cotizados pueden pasear por la ciudad y los chinos les piden autógrafos, aunque no sepan ni quiénes son.
Las medidas asombran. En los hoteles, los huéspedes no pueden entrar ni salir si no son escaneados y revisados de pies a cabeza. Las puertas están cerradas, sólo dejan libre una y para entrar hay que pasar el equipaje por una banda. Lo prohibido, llevar cortauñas, tijeras, navajas, en fin, todo lo que no puedes meter a un avión.
Es extremo: todo aquel que cargue una botella de agua y pretenda entrar a las instalaciones olímpicas, hoteles, metro, plazas y espacios públicos, debe destaparla tomar un trago y volverla a guardar.
Algunos se molestan y la dejan en los retenes de seguridad refunfuñando. No hay excepciones.
Otros se lo toman a broma, como un periodista de origen italiano, quien después de obedecer la indicación del voluntario y beber de su botella de agua simuló que se desmayo y después se carcajeó, logrando la sonrisa de los chinos que lo revisaban.
A los taxistas no les causa gracia ser objeto de desconfianza. Generalmente se ríen cuando su automóvil es escaneado por un elemento del Ejército chino, si es que entran a las sedes olímpicas o a los hoteles donde se hospeda la familia olímpica.
Para subirse a los autobuses que conducen a cualquier área olímpica es necesario pasar un retén de revisión. Eso sí, la coordinación es tal, que cualquiera que llegue a bordo de uno de éstos, ya no se somete a otra revisión, pues dan por echo que el autobús ya fue revisado.
En lo cotidiano, la seguridad se relaja un poco, pero para los chinos no deja de ser insólito que antes de entrar al Metro tengan que hacer filas grandes en la puerta, porque deben pasar sus bolsos por el detector de metales. Y no es asunto sencillo revisar a millones. Es como llegar al metro Indios Verdes el lunes a las seis de la mañana y querer poner un retén para escanear lo que traes en la bolsa.
Pero... con esa cantidad de gente, algo se tiene que ir sin ser revisado.
Quienes se encargan de esta tarea son voluntarios, pues China ha puesto a trabajar a muchos de sus ciudadanos en parte de la organización. Pero a ellos no les importa, están tan emocionados con los Juegos que cooperan de buena gana para que todo salga bien.
En las plazas públicas y parques pasa lo mismo. En Tianamen, la plaza principal en la que siempre se han tenido reglas de seguridad, ahora es riguroso. Hay unas 10 entradas y en todas un detector de metales. La gente coopera, se forma, es paciente. A ellos, lo que les interesa es tomarse una foto en las nuevas fuentes que rodean la plaza o llevarse un recuerdo abrazado de un foráneo.
Se ven seguros. Preparados.
Son millones los que están a cargo de la seguridad. Fueron entrenados para evitar manifestaciones y estar alertas. Y uno se siente seguro.