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BEIJING.— ¿Terrorismo en los Juegos Olímpicos de Beijing 2008? La delegación mexicana decidió estar preparada para lo que sea.
La delegación mexicana descartó la necesidad de un cuerpo de seguridad, pero optó por la implementación de un Sistema de Reacción Inmediata (SRI) ante la posibilidad de un atentado terrorista o cualquier otro conflicto que pudiera afectar la integridad física de cualquier miembro de la delegación.
El Jefe de Misión de la Delegación Olímpica de México en Beijing, Carlos Padilla Becerra, expone para EL UNIVERSAL los detalles del SRI, su periodo de vigencia y los alcances del mismo.
“¿Un cuerpo de seguridad especial? No. Pero hemos tomado medidas cautelosas. Quizá nos fuimos al extremo, pero la verdad es que ahora estamos tranquilos”, explica.
La entrevista se desarrolla en la Villa Olímpica, justo el punto neurálgico del programa especial de seguridad, donde el dirigente charla de manera abierta de un tema delicado, regularmente motivo de silencio entre los altos mandos del deporte mexicano que asisten a los grandes eventos deportivos.
“Estamos listos para reaccionar”, dice Padilla, convencido de la eficacia de la estrategia diseñada.
“Como les digo, quizá nos fuimos al extremo, pero bueno, decidimos capacitar a miembros de nuestra delegación para que en caso de contingencia pudiéramos reaccionar y evacuar o seguir las instrucciones según la situación que se presente”.
Los elementos principales del SRI son dos elementos asignados a la delegación olímpica que hablan tres idiomas: español, chino e inglés, justo los necesarios para resolver un posible percance en la Villa Olímpica, algo así como una gigantesca zona habitacional pero en la que, a diferencia de las otras, se hablan todos los idiomas del mundo y donde las comunicación se complica de formas difíciles de imaginar.
Uno de los cerebros del SRI es mexicano, pero hijo de padres chinos; el otro es chino, pero naturalizado mexicano. Sus nombres se mantienen ocultos justamente por cuestiones de seguridad, pero ellos son los ejes en torno a los cuales gira todo el engranaje del SRI, los elementos sobre los que recae la mayor responsabilidad de éxito en el programa de reacción.
“No quisimos alarmar a nadie, pero ya todos en la delegación están enterados de que en una emergencia contarán con el apoyo y la organización requerida, y que estamos listos para actuar adecuadamente”.
Como parte del programa implementado, siempre uno de los dos especialistas en seguridad está en la Villa Olímpica, y más específicamente en el edificio C1, el que corresponde a México; a los entrenamientos siempre van un representante de la jefatura y un intérprete chino, lo mismo que a las llegadas al Aeropuerto Internacional de Beijing.
Por ello, la decisión, dice Padilla, de elegir como lenguas de comunicación el español, el inglés y el chino. El primero, por ser el que habla la delegación; el segundo, el de mayor manejo internacional; y el tercero, el idioma local. “Pensamos en todas las posibilidades y elegimos las que nos parecieron las más correctas. Y creo que no nos equivocamos”.
Además, todos en la delegación están enlazados gracias a un sistema de comunicación especial vía celular y en los contingentes numerosos siempre hay una persona capacitada para responder ante cualquier necesidad, para girar instrucciones y provocar de manera inmediata la activación del dispositivo que pondrá en operación el SRI.
La delegación mexicana está lista para realizar un simulacro y poner a prueba el sistema, pero todavía no llega la autorización del Comité Organizador de los Juegos Olímicos de Beijing 2008. Por lo pronto, todos están perfectamente informados y saben cómo reaccionar ante una contingencia.
El SRI empezó a implementarse desde hace seis meses con una cuidadosa selección de elementos y acciones, y además de los dos especialistas de seguridad mencionados, incluye, a todos los integrantes de la delegación, a la embajada de México en este país, al Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 (BOCOG) y a las autoridades chinas.
La desactivación del SRI será automática con la salida del último mexicano de la Villa, un día después de la clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing, el 25 de agosto, y el deseo ferviente de todos es que no sea necesaria su aplicación.