cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxBEIJING.— En un módulo de información de las instalaciones olímpicas hay unos pequeños letreros que anuncian que cada chino que está atrás de ellos habla algún idioma. En el de español atiende un joven que no rebasa los 22 años y que de español sabe muy poco. Es más, termina hablando en inglés cuando se desespera.
El primer día que lo vi, sólo le pregunté dónde se acreditaban los periodistas y puso cara de no estar entendiendo, volteo con su compañera china que era la encargada del italiano y pidió ayuda. Aunque parece que es políglota porque ayer junto al letrerito de español ya le habían montado uno improvisado con una cartulina que decía portugués.
Otros chinos que hacen el esfuerzo para comunicarse y que cada día son más mañosos con los idiomas son los comerciantes del Silk Street, un mercado de piratería que está en el centro de Beijing, ellos son de rápido aprendizaje y perseverantes, en pocos meses han aprendido más palabras halagadoras con las que negocian su mercancía. Ahora además de “muy balato pala ti”, que les escuché hace cuatro meses, hoy sueltan frases como “México bonito” o “¡Tú, la talle pequeño!” y lo dicen aunque sea evidente que eres talla L.
Y están los que lo hablan desde que nacieron, como los mexicanos que habitan en Beijing y que están a la disposición de los visitantes de lengua castellana. Estos te reconocen a la primera y te saludan como si fueras su amigo de toda la vida. Son pocos, pero en cada sitio de la ciudad te encuentras por lo menos a uno. La primer pregunta, ¿De qué parte eres? La segunda, ¿Qué haces aquí?.
Si hay algo que te familiariza con la gente aquí es el idioma. Los mexicanos nos saludamos con los argentinos, guatemaltecos, colombianos. En un país tan diferente al nuestro y con tantas culturas conviviendo los latinos formamos un país.