cinthya.sanchez@eluniversal.com.mxBEIJING.— Cuando una acreditación cuelga del cuello las puertas de Beijing se abren para darte el paso. Así fue desde el aeropuerto. Salí con mi maletón azul con la ropa para un mes por la puerta principal, ahí estaban las típicas imágenes de llegada de aeropuerto, Chinos esperando con cartel en mano a franceses, alemanes, ingleses, españoles...
Para mi maleta había un camino especial marcado en el piso con los cinco colores de los aros olímpicos y que tuvieron como destino la comodidad. Los cinco colores le pertenecen a cada grupo de la familia olímpica, la morada es para los atletas y sus familiares, conduce a un elevador, la verde es para los periodistas y esa es la que me tocó a mi. Me llevó a una área de autobuses, donde no fue necesario andar batallando con el idioma para darse a entender con un taxista, pues los organizadores buscan en la lista de hoteles acreditados por el Comité Olímpico Internacional, así que mi única tarea fue señalar el nombre y listo, me llevaron con todo y maletón.
También una acreditación crea confusión, pues la familia olímpica anda por las calles de Beijing con el gafetote amarillo colgando. Y como dentro de la familia entra de todo, desde un atleta famoso, un periodista, un organizador, un entrenador y otros personajes más, pues sólo se descubre si le echas el ojo muy de cerca a las acreditaciones y lees el nombre rapidito.
Así le pasó a un niño en el aeropuerto, en cuanto llegué se acercó a mi con su libreta y pluma, le vi toda la intención de pedirme un autógrafo. Pero se vio listo y recapacitó, tal vez me delató el cuerpo poco atlético, así que tomó mi tarjetón, lo miró, vio que era una simple periodista y amablemente escondió su cuaderno y me dijo: Welcome to Beijing.