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Tuca, Tuca, balbuceaba de niño y así se le quedó. Después ascendió a Tucazo, por aquel obús que perforó, en 1991, la portería del América y que valió el título, en medio de su adiós como futbolista.
Pasajes del feroz gladiador que se hizo estratega y quien hoy, con ese coraje perenne, descubre por qué guarda distancia cuando la Selección está a su merced.
“Tal vez pudiera ser un buen candidato, como muchos, pero no tengo ninguna intención de ser entrenador de la Selección”, ataja el brasileño naturalizado mexicano, como si con ello alertara al sueco Sven-Göran Eriksson sobre la madriguera en la que se ha venido a meter.
—¿Es complicado dirigir en México?
—Yo creo que sí —responde Ricardo Ferretti, mientras camina, en descenso rumbo al estadio Olímpico Universitario—. Hay muchas cosas que, en realidad, no estoy de acuerdo, ¿me entiende? Es difícil conformar una Selección Nacional en determinados momentos.
Además, “hay muchos intereses, muchas trabas para los entrenadores y naturalmente todos sabemos de esto”.
En lo personal, prosigue, “pienso que yo no me adaptaría, si tuviera la oportunidad de ser entrenador de la Selección, cosa que no va a suceder; de que no me dieran las armas que se necesitan para sacar los resultados que todos esperan”.
—¿Y qué le falta al futbol mexicano para que trascienda?
—Yo creo que estamos hablando a nivel internacional, pero todo viene de nuestras propias carencias individuales en los equipos. Falta que mejoremos en mucho nuestra capacidad individual para que colectivamente podamos obtener el rendimiento que todos quieren.
Ferretti reanima ese tono áspero cuando lo relacionan con César Luis Menotti. Aquel “filósofo” argentino que guió a la albiceleste al título Mundial en 1978.
Y es que, enseguida de la renuncia del Flaco, Miguel Mejía Barón dio continuidad en el Tri a ese estilo tan alabado a principios de la década de los 90.
“Yo creo que en Pumas, Menotti encuentra lo que él pensaba y nosotros ya lo trabajábamos. Universidad, en ese entonces, era pionero en la labor de fuerzas básicas y que a Menotti le gustaba mucho desde Argentina 78. Pero nosotros no adoptamos su trabajo, al contrario. Él llegó aquí, aprovechó la situación de un equipo que ya tenía un trabajo con cierta similitud en las cosas que él pensaba”, aclara El Tuca.
“Entonces, para él como para nosotros fue más simple, tanto así que cuando hace su lista de convocatoria, había muchos jugadores de Pumas y Miguel Mejía Barón dijo, ‘¿por qué tengo que cambiar?, soy universitario’, y también llega a la Selección”.
Curiosamente, en aquella época, ya como relevo de Mejía Barón en Pumas, Ferretti tuvo una pequeña estadía en una Seleccion B, por lo que dirigió algunos compromisos.
“Es verdad, a mí me tocó trabajar con la Selección B, también fui su tercer auxiliar, después de Javier Aguirre y Memo Vázquez, con quien tenía muchos años trabajando. Voy a Estados Unidos y paso a ser integrante del cuerpo técnico en el Mundial”, recuerda.
En el ‘limbo’
Ricardo Ferretti vive en México desde noviembre de 1977. Tras el descenso del Atlas (club que lo trajo), Tuca experimentó el “limbo futbolero”. “Recuerdo que me voy a Brasil y a mi regreso pregunté al que me trajo, Nicola Gravina, si había alguna posibilidad y me dijo que me había ofrecido a 18 equipos y nadie me quiso”.
A los únicos clubes que no lo promovió fueron Chivas, por su política de puros mexicanos, y Pumas, por aquella constelación de estrellas (Cabinho, Muñante, Hugo Sánchez, Cuéllar, López Zarza). “Mas recibí una llamada de Mejía Barón (gerente deportivo). Tanto él como el ingeniero Aguilar Álvarez y Bora habían puesto atención en mí”. Así inició su matrimonio auriazul.