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BUENOS AIRES.— “Estuve un rato, declaré, pagué la fianza y me fui”. Con esa capacidad de síntesis, el empresario Carlos Ahumada relató su detención y posterior liberación, varias horas después, fruto del pedido de detención internacional y extradición originado en un juzgado de León, México, por un problema en la compra-venta del León, que actualmente milita en la Primera División A.
En declaraciones a la prensa, Ahumada aseguró que lo que más le preocupa en estos momentos es que el conjunto argentino Talleres de Córdoba, el club que administra a través de su empresa ATeliers, no pierda la categoría ni se vea perjudicado por su situación judicial: acusado de “presunto fraude” en la compra de jugadores.
Sin embargo, fuentes tribunalicias, aseguraron que el trámite de extradición de Ahumada “sigue su curso” y explicaron la confusión en cuanto a los pormenores de su detención “en que al ser viernes al final del día, se dificultó la comunicación entre el juzgado y la policía”.
Allegados al empresario argentino explicaron a EL UNIVERSAL que Ahumada “está preocupado por el club y molesto porque cree que esta detención es la travesura de algunos de sus enemigos mexicanos”.
Ayer, cuando esta casa editorial intentó comunicarse con Ahumada a su teléfono, se excusó por estar en una reunión importante. Ya que el primer equipo de Talleres se juega un partido clave para permanecer en el Nacional B, ante la CAI de Comodoro Rivadavia.
El empresario aún pelea por los derechos del cuadro leonés, al afirmar que Grupo Pegaso, su actual propietario, falsificó documentos.