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GUADALAJARA.— Por unas fracciones de segundo, más de 50 mil corazones dejaron de palpitar.
El silbatazo final de Armando Archundia resultó demasiado estruendoso para un equipo que luchó hasta el final, pero los pecados cometidos en el estadio Tecnológico le hicieron pagar una penitencia grande. Eso explica que algunos jugadores del Guadalajara no supieran cómo reaccionar cuando se oficializó su eliminación en el Clausura 2008, cuando su liderato general quedó sólo como anécdota.
Las Chivas no fallaron a su compromiso de luchar en pos del 3-0 que necesitaban, pero el Monterrey tampoco falló al de sentenciar la eliminatoria que prácticamente dejó finiquitada en la Sultana del Norte.
Los zagueros tapatíos sabían que anoche estaba prohibido cometer errores… Y para su desgracia los hicieron. En especial Héctor Reynoso.
Por eso, Efraín Flores no dudó en sacrificarlo cuando la necesidad hizo que abandonara la característica línea con tres defensas centrales.
El ‘4’ rojiblanco se equivocó gravemente en la anotación de Jesús Arellano (27’), esa que le permitió a los Rayados tomar el aire que necesitaban para salir vivos del vendaval tapatío. Porque los regiomontanos jamás abandonaron la vocación ofensiva que les ha inculcado el técnico Ricardo Antonio La Volpe.
Más allá de que inició el cotejo con tres atacantes nominales: Jared Borgetti, Carlos Ochoa y el Cabrito, el argentino nunca se resignó a defender la ventaja.
Es por eso que su celebración tras la anotación de Walter Erviti (80’) no fuera tan efusiva. El Bigotón estaba consciente de que el Rebaño había asfixiado a su equipo luego del transitorio 3-2 de Sergio Ávila (64’), pero los rojiblancos regalaron demasiado atrás, riesgo que debían correr tras el lapidario marcador de Monterrey.
A final de cuentas, la experiencia estaba a favor de los visitantes y eso quedó demostrado a lo largo de los 180 minutos.
El Guadalajara nunca dejó de luchar, pero hombres como Omar Esparza, Édgar Solís y el propio Gaucho demostraron que la juventud no alcanza para salir airoso en las Liguillas.
Aunque el principal brote de confianza llegó desde la banca regia, donde su entrenador confirmó ser un genio a la hora de plantear cotejos, lo que le faltó a su homólogo chiva a la hora cero.
Una vez más, Efraín Flores logró que sus Chivas desplegaran un futbol agradable durante la fase regular, pero se derrumbó en la Liguilla, esa en la que triunfar es lo único que cuenta dentro del equipo más ganador en la época profesional del balompié nacional.
Las Chivas hicieron un gol más del que necesitaban, pero confirmaron que no saben defenderse, por más que exporten zagueros al futbol holandés.