francisco.salgado@eluniversl.com.mxNo es raro que suceda en La Máquina. Un día después de la derrota en Chiapas fueron horas de mea culpa en La Noria. Con jugadores que confesaron sus pecados, y de paso aceptaron su falta de intensidad en un juego que se podía carecer de todo, menos de ser intenso.
Desde Gerardo Lugo, pasando por Yosgart Gutiérrez, pero sobre todo, Joaquín Beltrán, hablaron del pesar, de lo que dejaron de hacer, de la ambición que les faltó, de la expulsión, del gol en contra.
Beltrán, expulsado por una falta sobre Batista, fue el primero en acatar que al equipo le faltó intensidad. “Creo que no estuvimos con la intensidad que se necesita en todos los minutos y todos los aspectos en un juego de Liguilla y ahora estamos obligados a ganar”.
Una falta de intensidad que ni el mismo central sabe expresar con exactitud a qué se debió. “No sé, por ahí nos faltó tener el equilibrio mostrado en la Liga. Por ahí supimos aguantar los primeros minutos, pero después no tuvimos la pelota y nos faltó apretar la marca”.
De su lado, Gerardo Lugo quiso defender el esquema planteado por Markarián. Decir que no fue defensivo, aunque él mismo aceptó el éxito que habían tenido hasta antes del gol. “El equipo salió a hacer lo que se nos había pedido y lo supimos mantener, lástima de la expulsión que nos mermó el control para poder tener alguna llegada por sorpresa”.
Porque eso fue por lo que Cruz Azul apostó ayer, por un contragolpe que le permitiera sorprender a Jaguares y nada más.
De ahí que suene tarde la nueva intención, aunque no todo esté perdido, “tenemos que salir en el Azul con la convicción de conseguir el gol del empate para que ahora los preocupados sean ellos”.
Algo que sin duda no quisieron hacer en Chiapas, aunque Lugo diga lo contrario, “no estábamos tirados atrás, sino ordenados. No llevábamos prisa de meter gol, estábamos controlando e intentando llegar por sorpresa”.
Así, los sorprendidos fueron los cementeros, con un gol que cayó en los últimos minutos, que Yosgart Gutiérrez se lamenta, “porque siempre un portero puede hacer más”, aunque no carga como error suyo, “pero no creo que fuera así”.
Cierto que fue la ida de los cuartos de final, que la ventaja es remontable, pero el golpe fue crudo. No le gustó a Eduardo de la Torre, vicepresidente celeste, quien charló largo rato en la práctica con Markarián. A distancia, ambos parecían exponer sus puntos de vista, con ademanes, gesticulaciones, y una misión: enderezar las cosas en la vuelta.