Yucundaa, una cacica mixteca enterrada en un convento católico

La Galería de Palacio Nacional despedirá el próximo 24 de junio la exposición “Mixtecos. Ñuu Dzahui, señores de la lluvia”
La protagonista de la exposición es el entierro de “La Señora de Yucundaa”, una mujer indígena, posiblemente una cacica
Exposición “Mixtecos. Ñuu Dzahui, señores de la lluvia” (FOTO IVAN STEPHENS EL UNIVERSAL)
16/06/2018
00:20
Abida Ventura
Ciudad de México
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La Galería de Palacio Nacional despedirá el próximo 24 de junio la exposición “Mixtecos. Ñuu Dzahui, señores de la lluvia”, que reúne una rica colección de piezas de esa cultura prehispánica.

La muestra, que será sustituida por una dedica al arte popular iberoamericano que Conservaduría de Palacio Nacional ya trabaja en colaboración con Fomento Cultural Banamex, viajará después a Oaxaca, aseguró en entrevista Arturo Cortés Hernández, director de la Galería Nacional.

Conformada por un lote de más de tres mil piezas, la exposición que reúne colecciones de diversas instituciones y museos tiene entre sus protagonistas el entierro de “La Señora de Yucundaa”, una mujer indígena, posiblemente una cacica o integrante de la élite gobernante del cacicazgo de Yucundaa, también conocido como el Pueblo Viejo de Teposcolula.

El hallazgo, registrado en 2006 cuando los arqueólogos Nelly Robles y Ronald Spores emprendieron la excavación en el atrio del ex convento dominico de ese pueblo, es uno de los más importantes en su tipo que se han registrado en los últimos años en esa región. Junto al cuerpo de este personaje que murió antes de los 35 años, posiblemente entre 1535 y 1550, los arqueólogos recuperaron una rica ofrenda conformada por unos 75 mil objetos que fueron colocados sobre su abdomen, pecho y pies.

Antes de depositarla, la ofrenda conformada sobre todo de pequeños objetos de estilo Mezcala y miniaturas de figurillas de dioses guardianes, fue quemada en una especie de ritual de despedida, explicó a este diario la arqueóloga Nelly Robles, también curadora de la muestra.

La investigadora señala que se trató de un ritual de despedida porque en esa época, entre 1535 y 1550, una epidemia causó una gran mortandad en la población de ese señorío, por lo que tuvieron que abandonar el sitio y reubicarse en el valle. Los análisis indican, sin embargo, que la mujer no falleció a cusa de Salmonella enterica, la epidemia que asoló esa población indígena.

Por el contexto del entierro, la investigadora del INAH asegura que se trata de una mujer que debió pertenecer a la clase gobernante del lugar, pero por ahora no han podido confirmar si se trata directamente de una gobernante. “En general sabemos que en la mixteca alta, en la época Posclásica, emergió la figura de la señora, la que funge con un papel de cacique al 100%, había pueblos que estaban gobernados completamente por mujeres. No sabemos todavía en el caso de la Señora de Yucudaa, si era la gobernante o si era parte de la familia de gobernantes; no tenemos el dato, el nombre, donde se encontraba en la genealogía de esa familia. Esas son lagunas que tendremos que ir investigando a través de los documentos, de la etnohistoria”, comentó.

“Lo que sí sabemos es que ella, con toda su parafernalia mortuoria, fue una persona de importancia y estaba asociada la élite gobernante”, añadió.

Lo que sí saben con certeza es que trata de “una persona de alto estatus”, ya que estudios de sus huesos revelaron que “no hacía labores del campo y se trata de una persona que llevó una vida más o menos privilegiada, cuidada, con poca actividad física, gozaba de buena salud y la composición de sus huesos era bastante sólida”. Todo eso, “nos retrata la imagen de una mujer de alto estatus, probablemente una señora cacica”, dijo Robles.

La arqueóloga sostuvo que se trata del primer entierro de ese tipo que se encuentra en la mixteca. Otro de los datos que destaca la arqueóloga es el lugar donde se encontró, ya que en el atrio de los conventos estaba destinado únicamente a religiosos. Esto indica que hubo un acuerdo entre la clase gobernante mixteca con los sacerdotes del pueblo colonial, dice: “Eso nos dice que había un interés de los españoles por mantener la tradición de los originales, a cambio de ser bautizados, esa era una práctica de esos primeros años de La Conquista”, dice.

Ese contexto también revela que no en todas partes La Conquista fue sangrienta, planteó la investigadora: “Fue una concesión grande, muy importante que debieron hacer los curas católicos para permitirles que una indígena se enterrara en el atrio de una iglesia católica, porque sabemos que el atrio de las iglesias estaban destinadas al entierro de católicos peninsulares. Haber concedido permiso para eso, quiere decir que los mismos frailes estaban convencidos de la importancia de tener buena relación con los indígenas. Aquí hubo una serie de concesiones que hacen gala de una diplomacia extrema”.

La investigadora recuerda que cuando en 2006 empezaron a excavar en el atrio de ese convento nunca imaginaron que encontrarían un entierro de esa magnitud, con una riqueza de materiales, similar a la de la Tumba 7 de Monte Albán: “Por lógica, pensábamos que íbamos a encontrar entierros españoles, los atrios estaban reservado a los españoles; sí fue una gran sorpresa, pero siempre hay que corroborar los datos, mandamos a hacer análisis a la Universidad de Harvard y arrojaron que se trataba de una persona de origen indígena”, cuenta.

En la exposición de Palacio Nacional, el entierro se puede ver en una vitrina especial, en una pequeña sala que exhibe unas tres mil piezas de la ofrenda que la acompañaba. “Hicimos un video donde se narra cómo fue hallada y vamos puntualizando la recreación del esqueleto y los materiales originales de cómo fue hallada”, comenta Arturo Cortés Hernández, director de la Galería Nacional, en una visita a la muestra.

Cortés Hernández destaca que una de las grandes apuestas de esta exposición es el uso de las tecnologías digitales que ayudan a comprender parte de la historia y cosmovisión de esta cultura milenaria. En una de las áreas, por ejemplo, el público puede conocer a través de realidad aumentada la historia de El señor 8 Venado, Garra de Jaguar, uno de los guerreros y caciques mixtecos más poderosos de la región que murió sacrificado.

“Mixtecos. Ñuu Dzahui, Señores de la lluvia” permanecerá hasta el siguiente fin de semana en la Galería de Palacio Nacional, de martes a domingo, de 10:00 a 17:00 horas. Entrada libre.

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