Lo bueno si es breve, dos veces bueno, según autores
Yanet Aguilar Sosa
El Universal

Sábado 09 de mayo de 2009

Historias mínimas por la cantidad de letras, pero cuya sustancia agiganta el género de la minificción

yanet.aguilar@eluniversal.com.mx

La minificción es el género literario hispanoamericano por excelencia, el más inclusivo: lo practican escritores profesionales pero también muchos narradores amateurs; han encontrado en las páginas de internet, en blogs personales y colectivos, el espacio de difusión por excelencia, aunque de vez en cuando, las editoriales publican uno que otro libro o alguna antología con lo mejor del género breve.

No hay reglas en su escritura, aunque hay tres elementos básicos en toda minificción: ironía, intertextualidad extraliteraria y sentido lúdico. Puede ser tan breve que sólo requiera una, cinco o siete palabras, como la más famosa de las minificciones: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía esta allí” de Augusto Monterroso.

Los teóricos de la minificción —como se le denomina al género en México y en otros países de América— o el microrrelato o la microficción —como la llaman en España—, es un género literario que no excede una cuartilla, se caracteriza por un gran sentido del humor, surge de manera espontánea y suele tener varias lecturas, todas irónicas.

La teoría literaria de ese género que en Hispanoamérica tiene unos 200 exponentes constantes que nutren las páginas y blogs, ha sido hecha desde esta región de habla hispana, como no ha pasado con el cuento, la novela o la poesía. Se caracteriza por un ácido retórico que disuelve las fronteras entre géneros y que lo aleja del chiste.

En los sitios web y en los libros abundan minificciones de autores reconocidos. De Julio Torri se cita: “Desde que se han multiplicado los automóviles por nuestras calles, he perdido la admiración con que veía antes a los toreros y la he reservado para los aficionados a la bicicleta” y de Juan José Arreola: “Soy un Adán que sueña con el paraíso, pero siempre me despierto con las costillas intactas”.

Pero hay muchos tantos que son escritores improvisados, autodidactas que en sus ratos libres, cuando no ejercen su profesión de médico, administrador, físico, economista, diseñador gráfico, sicólogo o asesor informático, escriben historias breves que suben a la red, participan en concursos, talleres y comentan textos con otros “narradores” de oficio.

Los minificcioneros deambulan en la virtualidad de las páginas literarias del microrrelato, la ficción breve o la microficción, están al tanto de los acontecimientos sobre el género y varios de ellos serán incluidos en la antología Resplandores, que prepara para la UNAM el investigador Lauro Zavala, para dar a conocer la obra de autores mexicanos poco conocidos.

 

 

 

 

El doctor en Letras Hispanas por El Colegio de México y gran especialista de la minificción, asegura que ese género literario que tiene sus antecedentes en México con Julio Torri, cuando publicó en 1917 Ensayos y poemas, que tiene un proyecto vital: “la destrucción de los cánones; por eso la minificción juega con las obras de la literatura universal”.

El estudioso de la semiótica y la teoría literaria que en 1998 organizó en México el Primer Congreso Internacional de Ciencia Ficción, que ya va en quinta edición, reconoce que hay al menos 50 tipos de minificción y es un género tan vital y tan desarrollado por tantos escritores que si antes el canon mexicano estaba conformado por Juan José Arreola, Julio Torri y Augusto Monterroso, ahora “es muy difícil ahora hablar de canon, porque la minificción tiene como proyecto la destrucción de los cánones, sino también porque de los tres autores que hace unos años llamé el nuevo canon mexicano: Guillermo Samperio, José de la Colina y Felipe Garrido, sólo Samperio sigue publicando obra con gran sentido del humor y los otros tienen uno o dos libros, nada más”, señala Zavala.

El autor de Cartografías del cuento y la minificción y La minificción bajo el microscopio, asegura que en el género que han desarrollado en América Latina autores como Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Augusto Monterroso, Juan José Arreola y Julio Torri, la ironía está en todo texto literario y que él ha encontrado 50 tipos de ironía, pero depende del lector.

“Suele ocurrir que se confunda con el chiste, en el internet hay una gran presencia de minificción en blogs, es considerado un género de una gran sensibilidad contemporánea, con lenguaje vertiginoso, sale espontáneo”, dice Zavala.

La minificción, como la ha denominado Lauro Zavala, es un género nuevo, no es una nueva forma del cuento, ni del relato, es un género de Hispanoamérica. Es muy breve —aunque puede superar en algunos casos las dos cuartillas—, es un género de pocas palabras.

Pero a pesar de que los autores siempre quieren contar una historia de manera breve, no hay una lucha por hacerlo con menos palabras. Usan las palabras que necesitan para tener calidad y estética.

La minificción está en la novela contemporánea. Cada vez más autores tienden a la fragmentación, las frases cortas pueden hacer un capítulo. La brevedad está en todos los géneros: hay microteatro, micronovelas, poemas brevísimos, pero no son minificciones.

En los últimos años, la minificción se consolida, hay más teoría literaria sobre el género, más tesis de doctorado que lo analizan, más antologías y más minificcioneros. El Congreso Internacional de Mini Ficción, que arrancó en México en 1998, se realizará en 2010 en Colombia y en 2012 en Berlín. Argentina y España organizan congresos nacionales; en las páginas de internet se realizan concursos mensuales de minificción.

En México no hay encuentros nacionales, pero para 2010 Zavala planea organizar un encuentro para investigadores, estudiosos y escritores. Le encantaría que en México exista una editorial especializada en publicar minificción, como en España, donde Tule, una editorial en Barcelona, ha publicado unos 20 libros de escritores hispanoamericanos.

Muchos escritores mexicanos cultivan el género, varios han aportado breves historias. Luisa Valenzuela es una de las más reconocidas, lo mismo que Marco Denevi, René Avilés Fábila, Andrés Gallardo, Vicente Quitarte, Hernán Lavín Cerda, José Emilio Pacheco, Ana María Shua; algo han hecho Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Eduardo Galeano.

 



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