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| Mundar, el nuevo libro de Juan Gelman |
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GALAXIA EDITORIAL
El Universal Domingo 08 de junio de 2008 |
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Mundar (México, Era/CNCA, 2008) es el nuevo libro de poesía de Juan Gelman (Buenos Aires, 1930), este gran poeta argentino y uno de los más importantes autores vivos en nuestro idioma, recientemente galardonado con el Premio Cervantes y, en años anteriores, reconocido con otros premios de gran relevancia: el Juan Rulfo, el Pablo Neruda y el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Juan Gelman vive en México desde 1988, y es aquí donde ha escrito algunos de sus mejores y más maduros frutos poéticos, entre ellos Salarios del impío (1993), Dibaxu (1995), Incompletamente (1997), Tantear la noche (2000), Valer la pena (2001) y País que fue será (2004), a los cuales agrega ahora Mundar (2008). Mundar es, en cierto modo, la celebración de estas dos décadas mexicanas de Gelman, a quien antes debemos libros igualmente espléndidos como Gotán, Cólera buey, Los poemas de Sidney West, Fábulas, Hechos y relaciones, Si dulcemente, Citas y comentarios, Hacia el sur, Exilio, La junta luz, Com/posiciones, Anunciaciones, Interrupciones y Carta a mi madre. Si en País que fue será, Gelman reúne su poesía mexicana escrita entre 2001 y 2002, en Mundar recoge la cosecha mexicana de 2004 a 2007 y nos vuelve a entregar esa su música íntima y esa su deslumbrante palabra lírica inconfundiblemente gelmaniana. La poesía de Juan Gelman es siempre armónica y siempre expresiva y sabe nombrar, como pocos, lo innombrable o, mejor dicho, lo indecible. De estirpe vallejiana, Mundar es otro de sus libros donde la infancia deja su marca en los versos de un gran poeta que está por llegar a los 80 años de edad sin haber olvidado que la patria es la infancia. La infancia no prescribe; duerme en el hombre que ha sabido guardarla entre lo más entrañable de su existencia, y luego nos la obsequia a los lectores, transformada en iluminaciones, en relámpagos, en deslumbres que nos hablan siempre de la vida, del amor, de las cosas, de los amigos, del paso del tiempo, de la dicha y, por supuesto, de la desdicha y de la muerte. “Sucederá” es un ejemplo magnífico de esto: “Cuando alma y espíritu/ y cuerpo sepan,/ y la luna sea bella porque la amé/ y el mundo esté parado al filo/ de la memoria y/ sangre la luz detrás/ del baño de su gracia,/ obligaremos al futuro/ a volver otra vez. Allí/ todos los ojos serán uno/ y la palabra volverá a palabrear/ contra sus criaturas./ Se acabará la eternidad y el poema/ buscará todavía su/ tripulación y lo/ que no pudo nombrar, tan lejos”. Otra página bellísima de Mundar es “Lecturas”. Hela aquí: “La niña lee/ el alfabeto de los árboles/ y se vuelve ave clara. Cuánta/ paciencia ha de tener en aulas/ donde le enseñan a no ser./ El temblor atascado/ en su garganta es mudo./ También es mundo que/ acosan los que saben. Así aprende/ a montar monstruos de ojos pérfidos/ y cuando vuelve a la que fue/ ve el tiempo lastimado”. Para Juan Gelman, el poema “llega, tiembla/ y raspa un fósforo apagado”. Del poema no se sabe nada, sino que es poema. Algo así le dijo a Marco Antonio Campos en una entrevista de Literatura en voz alta: “La poesía llega. La poesía viene... La poesía quiere nombrar algo y sólo termina en el silencio”. Por eso, además de música y palabra germinal, hay tanta pausa, tantos silencios en la poesía de Gelman. Porque esta poesía está hecha de fragmentos del mundo, de esos pedazos donde la niña pregunta un “¿por qué” “y tiembla en el bosque de la vida”. “Salgo/ sin rimas de papel/ bajo los vuelos de la lluvia”, escribe inconfundible, gelmanianamente, Juan Gelman. Y todo esto nos lo entrega en Mundar: un prodigio poético. *Escritor
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