Cuando el olor corporal genera atracción

El Universal

Lunes 11 de febrero de 2008

Investigadoras del Instituto Nacional de Psiquiatría evaluarán los efectos neuroendócrinos y emocionales de las feromonas y su papel en el cortejo

Es común decir que la “química” interviene en la selección de pareja y que los olores ejercen una atracción sexual irresistible, pero ¿hasta dónde?

Ana Lilia Cerda Molina y Leonor Estela Hernández López, del Instituto Nacional de Psiquiatría de la SSA, buscan responder tal interrogante a través del estudio de los potenciales efectos emocionales y neuroendócrinos de las feromonas en humanos.

El papel de estas sustancias químicas ha sido bien documentado en muchas especies de insectos, peces, reptiles y mamíferos, en las cuales actúan como señales transmisoras de información sobre disponibilidad sexual, entre otras funciones.

Sin embargo, su función en nuestra especie aún no está clara, por lo cual las científicas del área de Etología (comportamiento animal) del Departamento de Neurociencias de esa institución evaluarán, con apoyo del psicólogo Claudio de la O y el médico Ricardo Mondragón a un grupo muestra de jóvenes mexicanos.

El proyecto es novedoso porque busca reproducir las condiciones naturales en las que se da la atracción sexual y no exponer a los individuos a compuestos químicos aislados, como se ha hecho en Europa y EU.

La idea es exponer a los participantes (20 varones) a los olores de mujeres en edad reproductiva durante las fases fértil y premenstrual del ciclo ovárico. Ellas portarán parches de algodón en las axilas, por ser regiones donde se agrupan más glándulas apócrinas (se encuentran en la piel y la mama, entre otras zonas), y deberán emplear jabón neutro para su aseo personal y descartar el uso de perfumes o anticonceptivos.

“Proponemos hacer evaluaciones en diferentes fases del ciclo porque la concentración de los compuestos químicos depende de las hormonas sexuales. Durante la ovulación, donde hay más producción de estrógenos, esperaríamos una mayor respuesta de los varones, contrariamente a lo que podría suceder en la fase premenstrual”, prevé Ana Lilia Cerda.

Entretanto, si los hombres son sensibles a dichos compuestos químicos, tendrían cambios en la concentración de tetosterona, la que medirán en saliva las investigadoras, por ser un método más práctico que los análisis en sangre u orina.

“Ahora hacemos exploraciones piloto para definir el método más sensible para medir la concentración hormonal en saliva. Y el psicólogo está perfeccionando el test que aplicará para determinar si los olores evocan algún cambio emocional que se correlacione con los cambios hormonales, explica Leonora Hernández”.

¿Del olor nace el amor?

Lo que condujo a Molina a delinear el estudio fue su hallazgo previo de que macacos cola de muñón machos mostraban un cambio endocrino tras ser estimulados con un hisopo impregnado de secreciones de hembras, de esa misma especie, en periodo periovulatorio.

Tal reacción sólo se había visto en otras especies más pequeñas como los ratones. “Esto nos llevó a pensar que en los humanos también existe ese efecto, aunque los factores socioculturales probablemente lo han inhibido, por lo cual los resultados deberán tomarse con cautela”, considera la científica.

“Queremos saber qué pasa con la biología humana, lo que percibimos todos los días, qué efecto tiene que uno conviva con una pareja, si el marido percibe que su esposa está en una u otra fase (de su ciclo) y esto le promueve un mayor deseo”, completa Leonor Estela Hernández.

No se trata de reducir todo a lo orgánico, pues ambas saben que es difícil separarlo de los aspectos de personalidad al momento del “flechazo” por las diferencias individuales: “hay quienes dicen estar con su pareja porque les atrae mucho su olor, pero otros valoran más el aspecto físico o intelectual”, dice Molina.

Con todo, esperan que el trabajo (para el que solicitarán apoyo del Conacyt) contribuya a iluminar esas bases biológicas de comunicación que han quedado ocultas por las normas culturales, donde el olor corporal es rechazado y se tiende a valorar más la imagen personal. “Tenemos las mismas hormonas que los mamíferos, incluidos los ratones. Y las mujeres tenemos ciclos menstruales similares a los de los chimpancés, los gorilas y los macacos. Entonces, ¿por qué queremos diferenciarnos fisiológicamente hablando?”, se pregunta Ana Lilia.

Su meta —insiste— no es definir la ruta de las feromonas (pues hay controversia científica sobre si son procesadas por el bulbo olfatorio principal o el órgano vomeronasal), ni mucho menos crear una “pócima amorosa”, sino hallar la posible respuesta neuroendocrina ante esos estímulos.

“La controversia no es si existen o no las feromonas en humanos o la forma de percibirlas, sino su función y la manera en que son expresadas. Pero si alguien espera que provoquen un efecto inmediato como en los roedores, por supuesto que no lo va a ver”, acota Estela Hernández.



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