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Se suben al ring a debatir plan cultural inexistente
César Blanco
El Universal

Domingo 02 de diciembre de 2007



cesar.blanco@eluniversal.com.mx

GUADALAJARA, Jal.— Boxearon con sombras, como dijo uno de ellos. En la Feria Internacional del Libro, seis de los mayores especialistas en materia de política cultural debatieron en torno de un Plan Nacional de Cultura (PNC) inexistente, o que, al menos, no se ha hecho público debido a que, según el titular de Conaculta, Sergio Vela, la dependencia debe esperar a que la SEP publique su Plan Nacional de Educación.

Fueron, sin embargo, cuatro horas de intenso debate. El antropólogo Nestor García Canclini, el economista Ernesto Piedras, la investigadora Lourdes Arizpe, el historiador Enrique Florescano, el etnólogo Sergio Raúl Arroyo y el antropólogo Eduardo Nivón, entre la ironía y el desencanto, unos más cercanos al tema que otros, analizaron la situación de la política cultural en México y pusieron sobre la mesa varios punto que, a su decir, debería contener el Plan Nacional de Cultura.

Nestor García Canclini apuntó que uno de los grandes problemas es que “no existe en México un observatorio que correlacione los diferentes estudios que se han hecho en torno de la cultura y que son indispensables para rediseñar las estructuras culturales. Conaculta no tiene ni presupuesto ni empleados para cotejar estos estudios”, dijo, en referencia a publicaciones realizadas en el sexenio pasado como el Atlas de infraestructura cultural, la Encuesta Nacional realizada por la UNAM en 2004 y la Encuesta Nacional de Lectura (2006). Para el especialista, este problema deriva en que “las políticas culturales están desvinculadas de la realidad”.

Lourdes Arizpe opinó que la ausencia de un PNC se debe principalmente a que “los funcionarios apenas están buscando la cultura”. Puntualizó que pocas veces ha sido tan difícil hacer un plan nacional ya que hoy, como nunca, los procesos culturales están cambiando muy rápido. Las razones de esta complejidad parten de tres líneas fundamentales: “Primero, que en México se reduce cada vez más la definición de ámbito cultural cuando el tema se está debatiendo a nivel internacional. En segundo lugar, se aplicó a la cultura el modelo de desregularización neoliberal para evitar bloqueos a la expansión del mercado. Y, por último, hay que entender que ya no se puede definir a la política cultural sólo hacia el interior de sus fronteras”. La investigadora esgrimió un cuarto factor fundamental, el cambio climático y la sustentabilidad del planeta, factor que debe incorporarse a la proyección de una nueva política cultural”.

Por todos estos motivos, resulta “artificial que la política cultural esté reducida a un rincón. Mientras más se tarden (las autoridades), más chico se va a quedar el PNC”.

El economista Ernesto Piedras, autor de ¿Cuánto vale la cultura?, también criticó que en México se haya aplicado el modelo neoliberal en el rubro cultural porque, mientras “existen sectores que casi no necesitan la intervención del estado, la cultura sí”. Su propuesta principal fue la siguiente: “Bajemos a la cultura del pedestal; conectémosla con el turismo, la educación y la tecnología, sentémosla en mesas de economía y la infraestructura”. En 2003, 7.3 % del PIB provino de este rubro (entendiendo por cultura también a las telecomunicaciones). Esto es, la cultura, si es contemplada en un sentido amplio como propone el economista, constituye una de las principales fuentes de ingreso del país. Vincular cultura y tecnología fue algo que el especialista recalcó mucho, apoyándose en cifras concretas. “En 1991 los mexicanos invertíamos per cápita 111 pesos en tecnología, mientras que en 2007 gastamos 3 mil 509 pesos. Hoy, 49% de la población tiene celular y sólo 4% una línea fija. Lo que debemos entender es que, en el mundo actual, nos apropiamos de la cultura con la tecnología”.

Enrique Florescano trazó un puente con lo que debería perfilarse en el Plan Nacional de Cultura: apostar por “romper el cerco centralista. La cultura se ha vuelto marginal porque todo se concentra en la capital”. Por su parte, Sergio Raúl Arroyo revisó la manera en que el concepto de patrimonio cultural ha mutado con los años, y urgió al Estado a ponerse al día respecto de dicha evolución, ya que, por el momento, parece “desvinculado del mundo real”.

Por último, Eduardo Nivón fue quién esgrimió las críticas más duras. Acusó a Sergio Vela de confundir “la discreción y la prudencia con la distancia y la falta de comunicación”, lo que ha resultado en que “sólo la prensa ha dado a conocer los problemas de la presente administración (esto en referencia a las renuncias y despidos de funcionarios, así como las polémicas generadas por la Biblioteca Vasconcelos), además de opinar que la actual gestión de Conaculta ha sido “demasiado lenta para tomar decisiones”. Asimismo, opinó que la Comisión de los Festejos del Bicentenario debería ser más autónoma; que los foros a los que convocó Conaculta fueron hechos “como si no quisieran hacerlos”, y que el consejo “adolece de consejeros, de un sistema que incorpore la opinión pública”.



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