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| La picardía chilanga, testigo de un crimen |
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Yanet Aguilar Sosa
El Universal Domingo 04 de noviembre de 2007 |
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Aunque sólo quiso recrear una nota roja a partir de la picardía y no del melodrama literario, narrada por un mexicano del siglo pasado, lo que logró Gonzalo Lizardo con su novela Corazón de mierda es hacer un retrato de la ciudad de México
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yanet.aguilar@eluniversal.com.mx Aunque sólo quiso recrear una nota roja a partir de la picardía y no del melodrama literario, narrada por un mexicano del siglo pasado, lo que logró Gonzalo Lizardo con su novela Corazón de mierda es hacer un retrato de la ciudad de México de los años 50 y 60, pero también revivir el lenguaje chilango de la sociedad mexicana de tiempos de Nosotros los pobres y Ustedes los ricos. Sin embargo, sostiene que el lenguaje de su novela es una ficción, lo mismo que el escenario en la que sitúo la historia: el DF a mediados del siglo XX. “Es un escenario idealizado, no positiva sino negativa en algunos aspectos del México que heredamos; es la época que forma parte de mis prehistoria personal, es la música que oían mis padres, las películas que veían, una cultura que no ha muerto, sigue viva y vigente”. En ese escenario recrea el lenguaje y es el vehículo donde se muestra la transformación de la sociedad. Si la literatura es una forma de verdad por la que se comprende mejor el mundo, Lizardo quiso que el lenguaje fuera el vehículo para atentar contra los mecanismos y propiedades del lenguaje mismo. “En esta novela todo parte de una nota roja, a finales de los años 50 y principios de los 60, pero para irla contando se fueron imponiendo varias necesidades estéticas”. Decidió que para narrar la historia de un personaje que muere debía utilizar a alguien que lo vio vivir y morir, entonces pensó en el narrador en primera persona, un peladito huérfano llamado El Candingas, que neutralizaría con su picardía y humor negro ese melodrama lacrimógeno y morboso de su relato, donde hay crímenes, cárceles y violencia. El autor, nacido en Fresnillo, Zacatecas en 1965, asegura que la habilidad de una novela consiste en saber seleccionar qué hechos son convenientes y cuáles no, por lo tanto su protagonista y narrador lo que hace es contar lo que ocurre en la historia, para lo cual no importa su nombre ni muchas cosas de su vida. “Su historia es la que le pasó al lado de Ricardo Olmedo Ríos, que es el hombre que muere en Lecumberri, en 1965”. La personalidad de Olmedo Ríos lo atrajo desde hace tiempo, porque fue un asaltante fracasado que al caer en el Palacio Negro de Lecumberri se convirtió en el primer zar de la droga en México, conocido como El Emperador de Lecumberri. Corazón de mierda (Era-Conaculta, 2007) transcurre entre la novela picaresca, de iniciación y la novela negra; al tiempo que retrata la vida en la cárcel con picardía y no con melodrama, cuenta la “edad de la punzada” de su narrador y todo lo que se detona con la muerte de quien fue su compañero de celda. Para escribir su novela, Gonzalo Lizardo leyó la obra de muchos autores mexicanos: José Agustín, Armando Ramírez, Rafael Bernal, pero también de autores de novela negra estadounidense, con el fin de encontrar “la parentela de El Candingas; supe que la orfandad es lo que une a mi personaje con otros pícaros de la literatura”. El problema comenzó al recrear la época en la que transcurre la historia, porque era un DF distante para él en espacio y tiempo; su reto fue recuperar el habla que ya no existe, recurrió al cine, música y literatura, pero no es fiel, siempre es recreada, “siempre con una visión modificada del lenguaje oral de los defeños”. Emprendió entonces una tarea filológica para hacer que el lenguaje retratara tanto la personalidad del narrador, como de sus amigos y de la ciudad; comprobó que la mayoría de los testimonios filmográficos que existen, como Nosotros los pobres, es una lenguaje chilango inventado. “No quería hacer un testimonio de cómo hablaban en esa época, sino de cómo hablaba El Cantingas, que habla como él mismo y nada más”.
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