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| Finales felices |
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Yanet Aguilar Sosa
El Universal Domingo 14 de octubre de 2007 |
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Las novelas predigeridas aportan poco a las letras y difícilmente pasarán a la posteridad, aunque lo cierto es que siguen una fórmula ya probada que asegura grandes dividendos, opinan escritores y editores
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yanet.aguilar@eluniversal.com.mx La denominan literatura predigerida porque recurre a la temática sencilla y el lenguaje fácil. Son historias de éxito escritas para lectores que llegan a sus páginas por accidente. Están planeadas para ser publicadas masivamente, para tener éxito en el extranjero o ganar premios internacionales. Estas novelas que relatan historias de lucha ante la vida poco tienen que ver con la buena literatura, que debe ser profunda, inteligente y perturbadora; menos aún requiere certificarse con diplomados de felicidad, ni es sancionadora de aspiraciones sociales, individuales y sicológicas. Así lo afirma el crítico literario y escritor Adrián Curiel Rivera, quien asegura: “Hay una banalización de los contenidos en la idea de que el público masivo tendrá un interés mayor y habrá un éxito comercial mucho más importante” y que las editoriales orientan los contenidos y subestiman al lector; pero también equiparan la literatura con el reportaje periodístico. El autor de Bogavante y ¿Quién no es el Señor Amarillo? dice que hay gran cantidad de literatura mala, intrascendente, pero es un modelo que han elegido los editores —que tienen la idea de vender libros como un producto más—. Eso genera una literatura a lo Paulo Coelho, “que podría confundirse perfectamente con un manual de superación personal”. Curiel Rivera, autor de La poética de la novela premio, un ensayo que revisa la tendencia de los escritores a hacer novelas pensadas para ganar reconocimientos internacionales, dice que las propuestas con historias de éxito y final feliz son “de corta memoria y no trascienden más allá del fenómeno inmediato de las ventas”. Están pensadas para “lectores muy ingenuos y con muy poca experiencia en el ámbito de las letras, que puedan resultarles interesantes y se identifiquen con los protagonistas”. El contexto para esos libros es bueno: un mercado editorial en expansión con una sobreoferta de novedades, sumado al interés de las editoriales en ofertar libros que garantizan su venta; incluso hay sellos especializados en best-sellers, como Suma de Letras —cuya vocación es “convertirse en una colección de referencia para la novela de entretenimiento”—, que posee un catálogo de textos de lenguaje y trama sencillos, títulos atractivos y portadas llamativas. Algunos autores dicen que son los propios editores quienes solicitan este tipo de libros. Hay editores que les han dicho, en conversaciones informales, que publican los libros que los lectores quieren, es decir, libros de escándalo y de superación personal, o aquellos que satisfacen su curiosidad por lo que “confiesa” una top model, un campeón de tenis o una celebridad de la música pop. Para el narrador y cronista Juan Villoro, México, al igual que muchos países, vive una situación compleja porque el elemento dominante es “el de los editores que buscan una literatura predigerida”, eso ha perjudicado a las letras porque ha habido un adelgazamiento de las tramas y una búsqueda de una literatura más simple. “Los editores en todos los países intervienen para que haya un tipo de novela por catálogo de tal manera que satisfaga los gustos del público, sin complicaciones de vocabulario, sin exigencias de trama”. Braulio Peralta, editor de ficción de Planeta en México, transnacional que hace unos meses adquirió editorial Diana (que posee los derechos de la obra completa del Premio Nobel de Literatura 1982, el colombiano Gabriel García Márquez, pero también es la editora líder en libros de autoayuda), afirma que a ningún escritor le gusta ese término, pero que a lo largo de la historia los autores han buscado tocar el alma de los lectores y ese hecho podría pensarse como autoayuda, porque desde los clásicos griegos mejoran “nuestras vidas”. El editor reivindica esa literatura, al subrayar que está en las obras de Epícuro y de Platón en Los diálogos, donde priva la idea de estar felices, contentos, compartiendo la mesa y hablando de cosas que les gusta o disfrutando del amor, la comida, de todo aquello que tiene que ver con los cinco sentidos. “Eso es autoayuda, hay un libro clásico de Bertrand Russell que se llama La conquista de la felicidad, que se considera un libro prácticamente aspiracional, que él escribió para su familia y para él mismo.” Ante eso, Curiel Rivera, profesor-investigador del Centro Peninsular de Humanidades y Ciencias Sociales de la UNAM en Yucatán, señala que dicha idea es muy reveladora de lo que quieren las grandes editoriales: “Como Vargas Llosa, creo que la literatura es esencialmente revolucionaria, no confirmadora de un estado de cosas y de felicidad”. La literatura no debe certificar o negar un diplomado de felicidad. “La buena literatura es profunda, inteligente y perturbadora, no es sancionadora de aspiraciones sociales, individuales o sicológicas, es todo lo contrario. En México hacen falta editores que se atrevan a apostar, que vuelvan a ver a la literatura como un producto subversivo, que cuestiona los valores, que critique, en lugar de dar diplomas de felicidad al lector como una suerte de recompensa”. Villoro, autor de El testigo, con la que obtuvo el Premio Herralde de Novela 2004, sabe de muchos escritores que escriben para ser publicados masivamente, para tener éxito en el extranjero o ganar un premio. La narradora Ana Clavel dice saber algo del tema y también haber leído. Acepta que hay una tendencia en las editoriales a aligerar las obras en la medida en que se concibe a la literatura como un producto comercial; sin embargo, ella no lo ha vivido en carne propia y tampoco sabe que algún escritor amigo se haya enfrentado al dilema. Carmina Rufrancos, editora de Planeta, dice que ve a más autores de autoayuda escribiendo libros, pero a través de contar las historias: “Sí, hay algunos ejercicios de autores de contarte una trama que en apariencia es ficción, pero que detrás lleva un mensaje de autoayuda”. Explica que se trata de un género que permanece porque la gente prefiere leer esos libros de autoayuda, pero no como una disciplina muy cerrada en el ABC, lo que buscan es que “se los platiquen suavecito”. Para Juan Villoro, los ejemplos están en la mesa de novedades de las librerías, y lo confirmó en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde los libros más vendidos fueron los de Brozo y Chespirito y las personas más exitosas: Diego Luna y Gael García Bernal, eso le demuestra “que el hecho literario tiene que ver con circunstancias extra literarias en sus momentos más populares”. Braulio Peralta niega que la calidad esté peleada con las altas ventas, le parece incluso irresponsable acusar al marketing de la pobreza literaria que pueda existir en la literatura a nivel mundial, pues eso “es despreciar al humano en sus condiciones mentales profundas”. Él augura que existirán libros muy bien escritos que vendan bien, “ahí están Alessandro Baricco, Paul Auster, James Baldwin, Roberto Bolaño, el propio Fernando del Paso, que no es fácil de leer; no le echemos la culpa al marketing, me parece algo desleal”.
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