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“El Che es para mucha gente una camiseta vacía”
Sandra Licona
El Universal

Domingo 07 de octubre de 2007



sandra.licona@eluniversal.com.mx

SANTA CRUZ, Bolivia.— Tras el triunfo de la Revolución en Cuba, en 1959, Ernesto Che Guevara proyecta extender la guerra de guerrillas a África y el resto de Latinoamérica. En un momento dado, su paradero se vuelve un enigma. Cuando el mundo entero se pregunta por el destino del líder revolucionario, el Che reaparece en Bolivia, a donde ingresa con otro aspecto y bajo otra identidad.

Era 1967. Guevara sólo pasa 11 meses en este país sudamericano hasta encontrarse con la muerte, el 9 de octubre de ese año, en el humilde poblado de La Higuera.

A 40 años de su muerte, la ruta de El Che en Bolivia es recuperada por The History Channel a través de un documental, dirigido por Matías Gueilburt, que será presentado este domingo a las 22 horas.

Los últimos días del Che, una coproducción de The History Channel y Anima Films, narra este trayecto del guerrillero argentino y busca contrastar la mirada de Guevara con la actualidad social y política de Bolivia.

El encargado de narrar la historia es el periodista argentino Jorge Lanata, quien encuentra en la voz de los pobladores actuales de la región las claves para interpelar a la historia y aproximarse a la dimensión real, en cierta medida desligada del mito, que puede tener el legado político del líder revolucionario en América Latina.

Lanata, considerado en Argentina “un periodista incómodo”, hace eco de preguntas como: ¿se equivocó El Che al iniciar un foco guerrillero en Bolivia?, ¿hubo traiciones dentro de sus mismas filas?, ¿qué papel cumplió el delicado estado de salud de Guevara en su caída final?, entre otras.

Autor de libros como El nuevo periodismo, La guerra de las piedras, Polaroids y Cortinas de humo, Lanata dice en entrevista con EL UNIVERSAL “que hoy El Che es para mucha gente una camiseta vacía, cuando en realidad es un personaje que tiene elementos muy reivindicables y otros a criticar.

“Está bueno discutirlo con generaciones que en aquel momento ni siquiera existían o que estaban conformadas por personas muy chicas.”

La idea —cuenta— fue hacer la misma ruta que El Che y mostrar cómo era entonces y cómo es hoy.

El contraste es muy sencillo, “son lugares que están detenidos en el tiempo”.

Sin embargo, lo que llevó a este escritor a participar en el filme de The History Channel, es que el tema se vincula mucho con su más reciente novela, Muertos de amor, que habla de esa época y que cuestiona algunos mitos de lo que fue la generación de los años 70: el hombre nuevo, las dictaduras, la moral y El Che.

“Guevara tiene una imagen muy positiva respecto de su pasión y entrega revolucionaria, pero también engloba aspectos relativos como el voluntarismo, la improvisación absoluta, el desconocimiento militar de las zonas a donde iba, el hecho de querer hacer la Revolución Cubana sin cubanos”.

—El hecho de hablar con personajes de aquella época, ¿le da una dimensión más real a la historia sobre El Che en Bolivia, o todo lo contario?

—A veces sirve, y a veces no, porque el discurso es más automático, como que la gente se aprendió una lección y la repite. Nos hemos encontrado en zonas donde estuvo El Che y todos lo conocieron, todos fueron sus amigos, sus novias. Es que cualquier personaje que se transforma en un icono empieza a ser múltiple y a ser reinterpretado de distintas maneras. El Che, además, es un personaje muy abarcador y cualquier cosa entra en él.

—Hay cientos de libros, de historias contadas, de documentales y fotografías, ¿cuál fue el reto principal de este trabajo frente a este universo?

—Todos los temas están escritos, decía Borges, y tenía razón. No esperábamos descubrir ninguna historia secreta. Lo que a mí me interesaba más era ver cómo se inscribe El Che, hoy, en la historia de Bolivia. Él forma parte de una disputa partidaria en la que se enfrentan el sur rico con el norte pobre de Bolivia. El Che es hoy, de algún modo, la imagen con la que identifican a Evo Morales los del sur rico. Es interesante ver de qué manera están usando a El Che en ese sentido.

—¿Qué relación existe entre lo que vivimos hoy como izquierda con lo que pretendía El Che?

—El Che es una persona que no hizo lo que le convenía. La gente que no hace lo que le conviene me despierta cierta admiración porque en general todo el mundo hace lo que le conviene. Una persona que tiene la visión trascendente sobre el destino y está dispuesta a hacer algo cuyos resultados no va a ver, a mí me parece rescatable. Sin embargo, no creo que se pueda hablar en América Latina de un resurgimiento de la izquierda porque cada proceso es muy distinto, y no tiene nada que ver con Bachelet, Morales, Chávez, Tavares o Lula. Creo que las condiciones son muy distintas en cada país. ¿En qué puede servir la historia de El Che a la historia actual? América Latina está urgida por esta cosa de que todo tiene que cambiar mañana y no entendemos que los cambios verdaderos son lentos.

—A 40 años de la muerte de El Che, ¿con qué imagen te quedas?

—El Che todavía tiene pelo largo, barba y cierto aire de hippie. Nunca lo vimos pelado o como burócrata en la juventud del Partido Comunista, con eso me quedo.



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