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| Recuperan primera exposición de Rulfo |
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Miguel Angel Ceballos
El Universal Viernes 10 de agosto de 2007 |
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Como escritor, Juan Rulfo fue capaz de dibujar detalladamente el paisaje del México rural, sus sonidos, sus colores y sus atmósferas. Pero esto lo logró también con sus fotografías, las cuales nos remiten a las clásicas películas mexicanas que han alimentado el imaginario colectivo
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Como escritor, Juan Rulfo fue capaz de dibujar detalladamente el paisaje del México rural, sus sonidos, sus colores y sus atmósferas. Pero esto lo logró también con sus fotografías, las cuales nos remiten a las clásicas películas mexicanas que han alimentado el imaginario colectivo. Como lo dijo en diversas entrevistas, Rulfo no se sentía fotógrafo, pero los más de 6 mil negativos que produjo muestran que lo mismo fue un apasionado de la palabra que de la imagen. La primera ocasión en la que el autor de Pedro Páramo exhibió su obra fotográfica fue en una exposición realizada en marzo de 1960, en la Casa de Cultura de Guadalajara, Jalisco. No volvió a hacerlo sino hasta 1980, cuando en ocasión de un homenaje nacional en su honor, se organizó una magna exposición con 100 imágenes en el Museo del Palacio de Bellas Artes. Aún es un misterio el por qué el escritor prefirió guardar sus fotografías todo ese tiempo, pero a partir del próximo jueves 16 de agosto la Casa Universitaria del Libro exhibirá las 23 piezas que formaron parte de la muestra primigenia. La exhibición lleva el título Una exposición fotográfica recuperada, este nombre responde a que durante mucho tiempo no se supo de la realización de dicha muestra y a que no formaba parte de la cronología del trabajo fotográfico de Rulfo porque muy pocas personas conocieron su contenido. Uno de ellos fue el profesor estadounidense Lon Pearson, especialista en literatura hispanoamericana, quien entre 1959 y 1960 estuvo en Guadalajara como misionero de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Él escribió al arquitecto Víctor Jiménez, director de la Fundación Juan Rulfo, para notificarle de aquella exposición y ayudar a identificar cuáles fueron las 23 imágenes que se mostraron. En el libro Tríptico para Juan Rulfo (coedición del Congreso del estado de Jalisco, la UNAM, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la Universidad de Colima, la Fundación Juan Rulfo y Editorial RM, 2006), Pearson describe algunas de las fotografías de la siguiente manera: “Una imagen que me impresiona siempre es la de una carreta y una yunta de bueyes. En mi viaje de Campeche a Guadalajara, tres meses antes había intentado tomar una foto semejante, pero sin el éxito de Rulfo. Era mi primer encuentro con bueyes. “Hay otra imagen típica de Rulfo que muestra un campesino arando con bueyes. Unas ocho fotografías son de edificios, iglesias o esculturas, que demuestran el interés que Rulfo tenía en la arquitectura y el arte. Dos fotos que ya reconocemos como de bailarines de la compañía de Magda Montoya, que Rulfo retrató en 1954. Le encantaban los arcos, portones, entradas a atrios y los patios mismos”. Juan Pablo Rulfo, el hijo menor del creador de Comala, considera que el trabajo fotográfico de su padre es un recorrido vital en el que se pueden apreciar sus intereses: el alpinismo, los paisajes, la arquitectura, la etnografía, la ciudad y el campo, temas que de alguna manera también están reflejados en su obra literaria. “Lo que me parece más interesante es que hay una visión muy clara de lo que es su ojo, su manera de ver. Si bien la fotografía es un fragmento, un pedacito de una realidad inalcanzable, lo que estamos viendo en esas imágenes es una manera de pensar y de ver, porque la fotografía tiene una particularidad que no tiene ningún otro arte, y es que una cosa es la realidad fotografiada y otra la fotografía. “En este objeto que es la fotografía ocurre un fenómeno muy interesante porque es como si fuera un espejo del pensamiento, es decir, el ojo detecta esa realidad, la ubica y la fragmenta como una especie de afán coleccionista y lo que uno ve en esa imagen es esa manera de pensar. Si cualquier otra persona tomase ese mismo tema, tendría otro resultado, es como una huella digital, esa huella del pensamiento. En esas fotografías reconozco una manera de pensar y una visión muy clara de ese pensamiento”. Juan Pablo dice que la intención de su padre como fotógrafo no era la de un profesional, Rulfo veía a la fotografía como una manera de acercarse a la realidad, una de tantas maneras de entenderla y quizá de poder ver su pensamiento a través de ella. “He revisado las más de 6 mil fotografías de mi padre y es interesante ver la diversidad de los temas, sobre todo el campo, la antropología, la ciudad, las montañas y la arquitectura porque todo eso es una especie de mosaico de la nación. Lo que deja entender es la vitalidad que tiene en México el campo, su historia, su geografía y sobre todo los indígenas, creo que son los únicos valores reales, porque un México urbano, industrializado, resulta incluso hoy en día, una ficción, lo único que es real, que está ahí y es parte de la historia de México, es su geografía, su campo y los indígenas”.
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