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Ejército rojo emprende batalla musical
Ma. Elena Matadamas
El Universal

Viernes 25 de mayo de 2007

En su gira de paz por México, cantará el Cielito lindo, pero aún no obtiene permiso para entonar el Himno Nacional Mexicano

MOSCÚ.- Porta casaca verde olivo y la insignia de grado coronel que delata su actividad militar, sólo que ahora no encabeza una tropa de soldados sino a un colectivo de músicos, entre los que hay algunos veteranos de la guerra que han cambiado las armas por instrumentos como la balalaika, el acordeón y la trompeta, para dar una nueva batalla que es la coexistencia de las tradiciones y cultura popular rusa frente a la música occidental en la ex URSS.

Hombre fornido y de apariencia ruda como otros de sus compatriotas, Anatoly Bazhalkin se transforma apenas sale a la escena. El director de orquesta levanta el brazo y tanto Coro como Orquesta del Ejército Rojo comienzan a tocar y cantar. Hasta ese momento, su rostro surcado por el tiempo se ilumina y mece el cuerpo al ritmo de la música.

Con bandera blanca, Bazhalkin está por dirigir una nueva incursión en territorio extraño: México. Se trata de una gira de paz que, subraya, "nada tiene que ver con la política ni con las tareas del ejército pero sí con el arte y la cultura, pues lo fundamental es mostrar el espíritu ruso y regalar alegría".

Esta nueva hazaña se ha instrumentado desde el otro lado del mundo, por dos empresarios mexicanos, Hiquingari Carranza, director de El Juglar, Centro de Arte y Cultura A.C., y Felipe Radrigán, de la empresa FR Producciones, quienes contrataron al ensamble para recorrer 15 ciudades del país ofreciendo su música, cantos y bailes, a lo largo de poco más de un mes.

Mientras los músicos llevan a México sus trajes militares que dan identidad al colectivo estatal dependiente del Ministerio de Defensa, los bailarines, con vestuario colorido, cargan con su espíritu guerrero y con sus sables, pero sólo para un baile que exige gran destreza y virtuosismo, por los pasos, giros en el aire, saltos y el juego de chocar y percutir las armas durante la interpretación.

Los 80 artistas -hombres y mujeres, jóvenes y adultos-, se han preparado para el recorrido por tierras mexicanas, con un programa que incluirá, a manera de deferencia hacia el público mexicano, una versión instrumental del vals Sobre las olas y el Cielito lindo, canción en español que el intérprete todavía tiene que leer a riesgo de olvidar la letra. También montaron una versión corta del Himno Nacional Mexicano, entonada en su sede, en las afueras de Moscú, pero que difícilmente podrán interpretar en México, pues la Secretaría de Gobernación no ha dado el permiso, por tratarse de elementos de un ejército extranjero.

Fueron otros artistas, los que hace 46 años, bajo el nombre de Coros y Danzas del Ejército Soviético, se presentaron en el Auditorio Nacional de la ciudad de México. Ahora es un nuevo ensamble, aunque su origen también está en la compañía Estrella Roja, formada en los años 30 del siglo pasado para la visita a los frentes y hospitales rusos.

"Se iba a las unidades militares a las que no tenían acceso los civiles, para alegrarles la vida a los combatientes", evoca Anatoly Bazhalkin, al subrayar que no obstante que el ensamble está vinculado con el Ejército, se diferencia, porque su orientación es fundamentalmente cultural y artística. "La música y el arte no tienen fronteras, independientemente del sistema político".

Dedicado a la música desde la niñez, con estudios en el Conservatorio de Moscú, Bazhalkin lleva 23 años en la dirección del colectivo musical, luego de haber gozado de una posición honorable en el ejército de la ex URSS y, dice, que aunque algunos llegaron a la conclusión de que el ensamble se había acabado, "el hombre necesita de pan y espectáculo".

El opuesto generacional del director de orquesta es Dima Suprozhenkov, un pequeño de ocho años, que promete ser la estrella del espectáculo como cantante. Su mamá es una de las bailarinas solistas que viaja a México (Anastacia Suprozhenkova) y su abuela, Marina Yaschenko, es la responsable de la parte coreográfica del espectáculo, en la que intervendrán 24 bailarines, 15 varones y nueve mujeres entre los 17 y 35 años de edad -nos dice-, aunque Vitaliy Vazhenin, solista del colectivo desde 1995, tiene 39 años, lo que por supuesto, no le resta destreza ni agilidad en los desplazamientos por la escena que exigen las danzas tradicionales rusas.

Vazhenin baila desde niño y forma parte de la segunda generación de bailarines en su familia. Luce alto y esbelto en el traje de cosaco, "que es lo más tradicional que queda de las danzas, pues el folclor ruso se ha modernizado para que los jóvenes se interesen en él, aunque guardamos el elemento de identidad del que sí estamos orgullosos. Aquí todo sale del corazón. Es un trabajo que nada tiene que ver con la política, mi política es la escena y el arte", se apresura a responder ante la pregunta sobre la vinculación de un ejército con la cultura.

Al igual que muchos de sus compañeros, Vashenin practica la danza desde la niñez, cuando comenzó a estudiarla en los colegios. Además de ballet clásico, tomó clases de acrobacia y se ejercita diariamente en el gimnasio "para estar físicamente en buena forma" y para responder a las exigencias técnicas de la danza folclórica.

Desde hace 15 años, el ensamble del Ejército Rojo tiene una escuela en Moscú que prepara a niños, de entre tres y 17 años de edad, en el arte de las danzas tradicionales, que son las que narran la historia y cultura del pueblo ruso. La plantilla es de 300 alumnos, "pero en muchas otras ciudades también existen colegios donde se enseña lo tradicional", puntualiza Marina Yaschenko.

Para ella, formar parte de este grupo con 30 años de existencia "es una manera de servir al Ejército", pero lamenta que desafortunadamente los jóvenes hoy día se dedican más a lo que es el baile moderno y existe el riesgo de que desaparezca lo tradicional o que se convierta en pieza de museo, "aunque nuestro arte es del pueblo y al pueblo le encanta".



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