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| Borges, escritor universal que deslumbró al siglo XX |
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El Universal Miércoles 14 de junio de 2006 Cultura, página 1 |
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El autor argentino murió hace 20 años en Ginebra, Suiza; gran lector de cuentos, volcó en las letras sus emociones más intensas. Destaca en su obra literaria El Aleph, escrita en 1949, y Ficciones (1944)
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BUENOS AIRES (DPA).- Hace dos décadas, un 14 de junio de 1986, Jorge Luis Borges moría en Ginebra. La vida del escritor erudito, irónico y polémico se apagaba, a los 86 años, lejos de su Buenos Aires natal. El autor de El Aleph, una de las figuras más prominentes de las letras del siglo XX, trazó un particular universo literario habitado por espejos, laberintos y tiempos circulares, donde también abundan la manipulación de la memoria y la identidad. A la vez, apeló a la erudición y las citas de libros reales e imaginarios, con un estilo deslumbrante por su precisión. "He intentado, no sé con qué fortuna, la redacción de cuentos directos. No me atrevo a afirmar que son sencillos; no hay en la tierra una sola página, una sola palabra, que lo sea, ya que todas postulan el universo, cuyo más notorio atributo es la complejidad", reveló en el prólogo de El informe de Brodie (1970). Se confesaba gran lector de cuentos, y no así de novelas: "He leído muy pocas novelas; y en la mayoría de los casos sólo he llegado a la última página por sentido del deber". "En Borges, la ficción y la teoría parecen ir juntas y mezclarse, y eso no es para nada despreciable", en opinión del crítico estadounidense Harold Bloom. Nacido el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires, el precoz Georgie -así lo llamaban en casa- aprendió a leer en inglés antes que en castellano. Vivió con su familia en el barrio porteño de Palermo, por entonces un arrabal, donde conoció las andanzas de compadritos y cuchilleros que luego habitarían sus ficciones. En 1914 viajó con su familia a Europa y se instaló en Ginebra, donde cursó el bachillerato. A su vuelta redescubrió su ciudad natal, que lo inspiró para los poemas de Fervor de Buenos Aires (1923). Este primer ciclo poético se completó con Luna de enfrente (1925) y Cuaderno San Martín (1929). Por entonces gestó también sus primeros ensayos, Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926) y El idioma de los argentinos (1928). En la década de los 30 inició una larga amistad con el autor argentino Adolfo Bioy Casares, durante la cual escribieron juntos varias veces. Entre otros, bajo el seudónimo H. Bustos Domecq. En 1937 Borges se empleó en una biblioteca municipal. En la década siguiente fue testigo de una experiencia histórica crucial en la Argentina, la del peronismo, a la que siempre se opuso. No casualmente el gobierno de Juan Domingo Perón lo degradó en 1946 al cargo de inspector de ferias municipales. Por esos años, se consagró con la publicación de los libros de cuentos El jardín de los senderos que se bifurcan (1941), Ficciones (1944) y El Aleph (1949). La ceguera le sobrevino en la década de los 50, aunque lo había ido alcanzando gradualmente desde la infancia. "Fue como un lento atardecer de verano", explicaba. En 1955, el gobierno militar que derrocó a Perón lo nombró director de la Biblioteca Nacional, cargo que desempeñaría hasta 1973. En la década de los 60 comenzó a extenderse el reconocimiento a su obra. Pese a que su prestigio no paraba de crecer, no logró adueñarse del Nobel. Muchos lo adjudicaron a sus posturas políticas, que desagradaban a la Academia Sueca. "Borges vivía intensamente a través de la literatura: volcaba sus emociones en sus textos, pero el proceso de escribir le permitía adquirir cierta distancia de experiencias que a menudo lo habían hecho sufrir", apunta el biógrafo británico Edwin Williamson en Borges: Una vida. Poco antes de morir se casó con María Kodama, su acompañante de los últimos años. Eligió morir en Ginebra y pidió ser enterrado en esa ciudad, donde actualmente se encuentra su tumba, en el cementerio de Plainpalais. En su vejez concedió numerosas entrevistas, donde sorprendía una y otra vez con réplicas ingeniosas. Como por ejemplo, cuando en un estudio de televisión parisino le preguntaron: "¿Usted se da cuenta de que es uno de los grandes escritores del siglo?" A lo que Borges respondió: "Es que éste ha sido un siglo muy mediocre".
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