Tom Wolfe, el hombre detrás del traje blanco

¿Cuál fue el motivo de su vestimenta? Lo descubre Michael Lewis tras investigar el archivo del escritor
Tom Wolfe, el hombre detrás del traje blanco
Tom Wolfe. Foto: AP/Mark Seliger
15/05/2018
17:00
Redacción
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Con una cultivada imagen de dandi y sin ocultar su vanidad, Tom Wolfe se convirtió en un transgresor y partícipe de una corriente que revolucionó el periodismo en Estados Unidos con historias llenas de sátira y temas para muchos vedados.

Wolfe fue un periodista al que sus compañeros de The Washington Post admiraban por tener una actitud relajada, pero siempre comprometido con la noticia, el dar el enfoque preciso y sobre todo siempre destacando su estilo.  

Pero para llegar a ello, Wolfe tuvo que trabajar antes en otros periódicos donde no tenía esa libertad.
De acuerdo a ABC, durante los años 60,  Wolfe, cansado de escribir noticias para un periódico de Massachusetts, se marcha a Washington. Tiene 28 años y no le importa perder dinero: quiere hacer periodismo en una gran ciudad.

Lamentablemente, el estilo del Post era demasiado gris y Wolfe se pasa las tardes leyendo periódicos mientras sus editores esperan con impaciencia unas crónicas que nunca entrega a tiempo. "Nosotros no teníamos ese descaro", recuerda el periodista Les Whitten en "La banda que escribía torcido (Libros del KO)", de Marc Weingarten. 

 

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El periodista solo tardó dos años en cambiarse al Herald Tribune de Nueva York, en 1962. Escribía artículos de actualidad para el diario dos días por semana y reservaba un reportaje largo para New York, la revista del Tribune. Wolfe se convirtió en su reportero estrella, y eso provocó comentarios de todo tipo.

Según Dave Burgin, compañero de redacción, aquel tipo que vestía con un traje blanco era un "petimetre de Manhattan" que recibía demasiada atención. Jimmy Breslin valoraba lo mucho que se trabajaba Wolfe sus crónicas: "Todo el mundo armaba un escándalo por culpa de su ropa, pero yo sabía que era un periodista serio, alguien que hacía su trabajo de campo".

"Creo que lo que más molestaba a la gente era la cintura ceñida", dice Wolfe en el libro de Weingarten. Era una forma de llamar la atención, pero no tanto como para que no lo aceptaran. "Lo importante era conseguir que ellos dijeran: “Por el amor de Dios, ¿quién se cree que es?”.

¿De dónde había salido ese raro que escribía de esa forma tan exagerada? Por qué esos signos de exclamación ¿Cómo se le ocurrían esos adjetivos tan provocadores, fanfarrones y  alborotadores?

Hijo de un ingeniero agrónomo, Thomas Kennelly Wolfe tardó 18 meses en convertirse en Tom Wolfe. Lo cuenta Michael Lewis en un perfil publicado en Vanity Fair elaborado a partir del archivo que el escritor vendió a la Biblioteca Pública de Nueva York por más de 2 millones de dólares: cuadernos llenos de notas, borradores, decenas de cartas de una acosadora, incluyendo una de 17 páginas llenas de marcas de labios rojos.

La huelga de los periódicos neoyorquinos de 1962 le atrapó a Wolfe con 33 años y sin ahorros, y se planteó solicitar el subsidio por desempleo. Incluso le pidió consejo a su padre por carta. A Wolfe le daba vergüenza cobrar por la ayuda  y optó por irse a Los Ángeles a cubrir para la revista Esquire una feria donde se exponían unos coches clásicos.

Wolfe tomó notas, habló con asistentes… en aquella época el automovilismo dominaba la sociedad. Pero no era capaz de escribir las 3 mil palabras que le habían pedido. Cuando le contó a su editor que estaba bloqueado, este le pidió que le hiciera un resumen para acompañar el reportaje fotográfico. Habían pagado 10 mil dólares por esas imágenes y la historia saldría con o sin la crónica de Wolfe.

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Tom Wolfe murió a los 87 años de edad. Foto: AP/Jim Cooper, FILE

Así que a las 8 de la noche empezó a teclear un informe que acabó a las 6:15 de la mañana. Al director de Esquire aquellas 49 páginas le parecieron asombrosas y las publicó en noviembre de 1963 con el título "Ahí va ese pibón aerodinámico de láminas naranjas kolor karamelo en plena curva". 

"La puntuación extraña, los amaneramientos rococó que, a veces, mejoran su obra posterior y, otras veces, van en detrimento de ella, no están aún en este reportaje —dice Lewis en Vanity Fair—, pero su habilidad para fijarse en lo que otros ignoraron es sensacional".

Dieciocho meses después, los agentes le suplicaban a Wolfe que publicara un libro con ellos. En ese periodo, el periodista escribió más de 150 mil palabras para crónicas que publicó en el Tribune y en Esquire. Su primera antología, "El coqueto aerodinámico rocanrol color caramelo de ron", llegó a las cuatro ediciones en su primer mes de publicación, en julio de 1965.

 

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Ya famoso, Wolfe llenó su armario de trajes blancos, sombreros, bastones, zapatos y guantes. "La respuesta de Wolfe a su nuevo estatus fue crearse un personaje", explica Lewis.

El primer traje blanco se lo había comprado cuando se incorporó al Tribune: todos los reporteros vestían con traje y él solo tenía dos chaquetas deportivas. Eligió la típica prenda que se llevaba en verano en Richmond, Virginia, donde nació.

Un traje ligero para los calores veraniegos, pero resistente al invierno. Así, tan corto de dinero como iba, no tendría que comprarse otro.

akc

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