El culto que le rinden a la muerte los mexicanos es único, y ahora que el país celebra el Día de los Muertos , los rusos han podido conocer algunas de sus peculiares costumbres y tradiciones en una charla y exposición organizados en Moscú por la embajada de México.

Dulces en forma de huesos y calaveras con el nombre inscrito de los difuntos, divertidas imágenes de esqueletos y calaveras, y sobre todo los famosos altares que construyen todos los años familiares y amigos a sus seres queridos fallecidos: toda esta tradición ha sido reconocida por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

"Es algo único, y por eso en 2003 la celebración del Día de los Muertos fue incluida en la lista del Patrimonio intangible de la Humanidad de la Unesco. Es además una tradición que forma parte de nuestra identidad como mexicanos", dijo la embajadora de México en Moscú, Norma Pensado.

La especial relación de los mexicanos con la muerte -enraizada en los ritos de los pueblos indígenas que habitaban sus tierras en la época precolombina y que encuentra su máxima expresión en las celebraciones populares de cada 1 y 2 de noviembre- no deja de sorprender en otros países por su carácter festivo.

"Es una celebración que tiene raíces prehispánicas, pero que se ha mantenido viva a lo largo de los siglos. Es además una tradición que forma parte de nuestra identidad como mexicanos", destacó Pensado durante la presentación, organizada en la sede del periódico "Parlámentskaya Gazeta".

La diplomática explicó en persona el sentido de todos los objetos colocados en un altar levantado en la sala en homenaje a algunos políticos y militares rusos fallecidos, entre ellos el exembajador de Rusia ante la ONU, Vitali Churkin, que murió repentinamente en febrero de este año.

"Colocamos las fotos de los difuntos, que pueden ser nuestros familiares o personas a las que admiramos. También ponemos pan, azúcar, sal, flores, velas y tequila", dijo dirigiéndose a los invitados, aunque lo que se vio a los pies del altar fueron varias botellas de vodka.

Todos estos elementos, precisó, "tienen como fin hacer más gozoso el viaje de los difuntos al mundo de los vivos", porque según la creencia mexicana, los muertos visitan a sus amigos y familiares estos primeros días de noviembre.

También los rusos tienen arraigadas costumbres de recordar lejos de la tristeza a los que se han ido para siempre, en torno a mesas repletas de comida y vodka, y aunque son muy pocas las similitudes con la tradición mexicana, el gusto por la vida es algo que une a los dos países.

"Somos dos pueblos, el ruso y el mexicano, que tenemos un sentido del humor bastante parecido. Nos gusta disfrutar de la vida, estar cerca de nuestras familias. La rusa es también una cultura muy familiar, como la de México", dijo al respecto Pensado.

Los rusos, amigos y familiares de un difunto, comen todos juntos después de un funeral y vuelven a hacerlo a los cuarenta días y al año del fallecimiento.

En México "cada 1 de noviembre los familiares visitan a sus muertos en los cementerios, a los que llevan música y mariachis, y es algo que se convierte en una auténtica fiesta", explicó la embajadora a los perplejos asistentes a la exposición.

Son muy pocos los rusos que han viajado a México -demasiado lejos para ser un destino habitual y asequible- pero la exposición sobre el Día de los Muertos ha despertado el interés de muchos invitados.

"Ahora que he conocido estos bellos ritos y he visto la belleza del país en las fotografías que aquí se exponen, tengo la seguridad que iré pronto a México", dijo Ígor Kovalev, vicedecano de la Facultad de Economía y Política Mundiales de la Escuela Superior de Economía de Moscú.

sc

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