Éxtasis de Teotihuacán llega a Los Ángeles

“Ciudad y cosmos” incluye casi 200 obras, muchas de las cuales no habían sido expuestas anteriormente
Éxtasis de Teotihuacán llega a Los Ángeles
“Ciudad y cosmos: Las Artes de Teotihuacán” reúne hallazgos arqueológicos y otros objetos de Teotihuacán en el LACMA. Foto: Notimex
22/03/2018
19:17
Notimex
Los Ángeles
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Una exposición sobre los nuevos hallazgos arqueológicos y otros objetos en Teotihuacán abrirá el próximo domingo en el Museo de Arte del Condado de Los Ángeles (LACMA, en inglés).

El director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Diego Prieto Hernández, informó en entrevista con Notimex que la exposición se denomina “Ciudad y cosmos: Las Artes de Teotihuacán”.

Se trata, señaló, de una innovadora exposición con los nuevos hallazgos arqueológicos realizados en las tres grandes pirámides y en los principales conjuntos habitacionales de la antigua ciudad.

“Esta exposición constata que Teotihuacán fue la gran representación del cosmos para los mesoamericanos”, declaró Prieto Hernández en entrevista con Notimex.

“Teotihuacán fue la ciudad que concentró el alcance de un gran Estado, una sociedad pluricultural, multilingue, hegemonizada por este gran centro político, y del por qué hacia el siglo noveno de nuestra era declina, y después fue la primera gran ciudad que dio lugar a exploraciones arqueológicas”, anotó.

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La exposición reúne los hallazgos arqueológicos realizados en Teotihuacán. Foto: Notimex

“Teotihuacán ha sido reconocido como el primer espacio en donde los dioses fueron creados en el mito de creación del mundo mediante la inmolación de dioses que dieron lugar al Sol y la Luna”, resaltó.

Sobre la colaboración con LACMA, Prieto expresó que es fundamental construir vínculos fuertes con Estados Unidos de orden cultural en general, con California en particular, y con Los Ángeles, que es un pedacito de México y que es un fuerte vínculo emocional y cultural”.

“Ciudad y cosmos” incluye casi 200 obras en diversos formatos, como esculturas monumentales realizadas en piedra volcánica, pinturas murales polícromas y piezas de menor tamaño hechas con piedra verde preciosa, obsidiana y cerámica.

La muestra es una oportunidad para ver estas piezas, muchas de las cuales no habían sido expuestas anteriormente en Estados Unidos. “Moldeada a lo largo de los siglos por diferentes pueblos y culturas, Teotihuacán fue uno de los centros cívicos más significativos del hemisferio occidental”, afirmó Michael Govan.

“Narrar su historia compleja y cosmopolita es especialmente relevante en un lugar como la ciudad de Los Ángeles del siglo XXI, donde se hablan casi 200 lenguas”, añadió Govan.

 

La exposición fue presentada en el de Young Museum de San Francisco bajo el título Teotihuacan: City of Water, City of Fire (Teotihuacán: ciudad de agua, ciudad de fuego) del 30 de septiembre de 2017 al 11 de febrero de 2018. La antigua ciudad de Teotihuacán floreció en el valle de México durante el primer milenio después de Cristo (d.C), y fue en su momento el mayor centro urbano en América.

La exposición, que presenta esculturas monumentales y ofrendas enterradas, también enfatiza el modo en que las obras de arte se relacionan con el lugar, tanto por encima como por debajo del suelo.

Los nuevos descubrimientos revelan que tanto las obras visibles como las enterradas estaban dispuestas de maneras específicas para conmemorar la fundación ancestral de la ciudad y forjar relaciones con las fuerzas vitales y esenciales, como el fuego y el agua.

Ciudad y cosmos está organizada de acuerdo con los principales complejos arquitectónicos de la ciudad, y destaca la escultura monumental visible y las ofrendas enterradas de las tres pirámides principales: la Pirámide del Sol, la Pirámide de la Luna y la Pirámide de la Serpiente Emplumada, así como de los conjuntos habitacionales, los límites de la ciudad y más allá.

La exposición se inicia con los nuevos hallazgos de una ofrenda subterránea asombrosamente rica, descubierta en 2003 por un equipo de arqueólogos mexicanos dirigidos por Sergio Gómez Chávez.

Los arqueólogos encontraron un túnel debajo de la Pirámide de la Serpiente Emplumada en el que estaba enterrada una impresionante colección de objetos notables por su complejidad y abundancia.

En una simulación del inframundo cósmico, la profundidad del túnel alcanza las aguas subterráneas. Además, el techo del túnel estaba cubierto con magnetita y en el piso de una de las cámaras había esferas de tierra cubiertas de pirita.

La magnetita y la pirita resplandecen cuando la luz incide en ellas, y crean un inframundo lleno de estrellas que evocan el cielo nocturno. En este espacio sagrado la población de Teotihuacán hizo ofrendas de pelotas de caucho, discos de pizarra y pirita, cráneos de felinos y miles de fragmentos de madera y caucho, así como de semillas.

Cerca de la última cámara del túnel había cuatro esculturas, dos de las cuales aparecen en esta galería, realizadas con piedra verde preciosa. Algunas parecen llevar bultos con joyas de piedra verde y espejos y discos de pirita, elementos que solían usarse en las ceremonias de adivinación.

Colocadas en esta significativa ubicación, se piensa que representan a los fundadores ancestrales de la ciudad. La siguiente sección presenta las distintivas manifestaciones artísticas creadas con materiales locales e importados.

También muestra las deidades que personificaban los fenómenos de la naturaleza como la lluvia, el rayo, el fuego, el agua y el maíz. El omnipresente Dios de la Tormenta estaba asociado al agua y la fertilidad, pero también podía provocar rayos, crear fuego e infligir destrucción.

La Serpiente Emplumada era una entidad híbrida relacionada con la lluvia y las nubes cargadas de humedad. Otra entidad sobrenatural era el Dios Viejo del Fuego, que encarnaba las cualidades purificadoras y regeneradoras del fuego.

Alrededor del año 550 el centro ceremonial de la ciudad fue incendiado y objetos rituales, como la gran figura de mármol que se muestra en esta sección, fueron destruidos intencionalmente. Esta inusual y notable pieza es una de las esculturas más grandes en piedra preciosa halladas en Teotihuacán y podría representar a una divinidad tutelar local.

La figura estuvo en otros tiempos instalada en un templo, pero los arqueólogos la encontraron hecha pedazos y dispersa. Tras el gran incendio, Teotihuacán se derrumbó y gran parte de la población abandonó la ciudad. Sin embargo, el sitio permanece como un poderoso modelo del urbanismo mesoamericano. 

 

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