Exhiben por primera vez el entierro de “La Señora de Yucundaa"

El descubrimiento de entierro de la cacica mixteca, sólo es comparable con el de la Tumba 7 de Monte Albán. Se registró en 2006
Exhiben por primera vez el entierro de “La Señora de Yucundaa"
El entierro de “La Señora de Yucundaa”, una cacica mixteca. Foto: INAH/Héctor Montaño
30/05/2018
16:07
Redacción
Ciudad de México
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A inicios de este 2018, numerosos medios informaron sobre la epidemia de Salmonella enterica que a mediados del siglo XVI diezmó casi por completo a la población del Pueblo Viejo de Teposcolula, Oaxaca.

En ese momento devastador de su devenir, los sobrevivientes del poderoso cacicazgo mixteco realizaron un rito para simbolizar el fin de un ciclo en su historia, ofrendando más de 70 mil objetos a su cacica muerta, un personaje al que los arqueólogos han nombrado “La Señora de Yucundaa”, en honor al nombre mixteco del lugar, informó el INAH en un comunicado.

El descubrimiento de ese entierro, sólo comparable con el de la Tumba 7 de Monte Albán, se registró en 2006 durante las excavaciones efectuadas en el atrio del que fuera el convento dominico del Pueblo Viejo de Teposcolula, posiblemente el más viejo de la Mixteca, como refiere Nelly Robles García, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

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Figurillas de dioses guardianes o penates que conforman la ofrenda. Foto: INAH/ Javier Hinojosa.

Tras su hallazgo, el entierro de “La Señora de Yucundaa” únicamente se había expuesto en el Ex Convento de San Pedro y San Pablo Teposcolula, y por vez primera se exhibe en uno de los recintos más emblemáticos del país, Palacio Nacional, en Ciudad de México, como parte de la muestra Mixtecos.Ñuu Dzahui, señores de la lluvia, que permanecerá hasta el próximo 24 de junio.

La trascendencia de este contexto arqueológico ameritó que el entierro fuera recreado en una sala especial, donde se da la explicación de su significado, pues según comenta la arqueóloga Nelly Robles, también curadora de la exposición, aunque la ofrenda fue dispuesta en torno a la cacica, en realidad fue la manera en que los supervivientes de Yucundaa decidieron despedirse de su hogar,  el cual se eleva 2,200 msnm, en una montaña sobre el valle.

Cuando la inhumación fue localizada en 2006, sus características no daban lugar a duda sobre su importancia. Se ubicó en el centro del atrio del convento dominico (que era destinado comúnmente a los españoles peninsulares) y, no obstante que el suceso acaeció entre 1535 y 1550, todos sus elementos hacían referencia a la tradición prehispánica.

“El descubrimiento fue excepcional. Consiste en una ofrenda quemada compuesta por miles de objetos, en su mayoría de estilo Mezcala, que se depositaron sobre el cuerpo de la señora. En ese momento de transición, de decisiones difíciles pero necesarias, la gente de Yucundaa llevó a cabo una gran ofrenda para garantizar su permanencia como pueblo”, explica.

El equipo del proyecto arqueológico, codirigido por el doctor Ronald Spores, profesor emérito en Antropología de la Universidad de Vanderbilt, Nashville, Estados Unidos, encontró una cantidad de inhumaciones exorbitante en una de las plazas de la antigua ciudad, producto de las epidemias que devastaron en 90 por ciento a la población, entre 1532 y 1550.

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El hallazgo, sólo comparable con la Tumba 7 de Monte Albán, forma parte de la muestra Mixtecos. Ñuu Dzahui, señores de la lluvia. Foto: INAH/Héctor Montaño.

Sin embargo, distintos análisis han permitido corroborar que “La Señora de Yucundaa” murió alrededor de los 30 años de edad y no fue, a diferencia de su pueblo, una víctima más de la fiebre entérica.

Su cuerpo fue depositado en un pozo alargado producto de una excavación simple, en posición extendida y ligeramente recostado de forma individual, como se recrea en Mixtecos. Ñuu Dzahui, Señores de la lluvia, exposición organizada por el INAH y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

En las vitrinas se exhibe una cantidad considerable de los más de 70 mil objetos rituales que le fueron colocados alrededor de su abdomen, pecho y pies. De acuerdo con la arqueóloga Nelly Robles, la ofrenda fue quemada previamente y aglutinada con una especie de resina probablemente de copal y goma de hule que mantuvo juntos varios de los componentes.

Ese cuantioso ajuar funerario se compone de alrededor de dos mil pequeñas figurillas de dioses guardianes  o penates, miles de joyas personales como caritas colgantes que habrían sido usados como ornamentos, cuentas de collar, restos óseos de animales, pulseras, malacates de cerámica, placas de turquesa, objetos tallados de concha marina, piezas de cobre y placas de hueso.

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Le fueron depositados más de 70 mil objetos en su abdomen, pecho y pies. Foto: INAH/ Javier Hinojosa.

Millares de objetos preciosos que fueron reunidos en un rito colectivo de abandono y pedimento ante el inminente traslado de Yucundaa, Pueblo Viejo de Teposcolula, al valle; el cual constituyó un cambio de orden hacia un futuro incierto, entre nuevos gobernantes desconocidos y el enorme duelo de su pueblo muerto.

“En la forma de ser de los mixtecos es recurrente ofrendar a un momento en su historia, a un cambio importante de régimen de tiempos, es la manera en que pagan la oportunidad de vivir como cultura", señala Nelly Robles.

La sepultura al modo prehispánico que le fue dada a su cacica (una figura que regía el lugar a la par de su consorte) también demuestra ese dominio. La doctora Robles, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, recalcó que es la primera vez que “La Señora de Yucundaa” sale de territorio oaxaqueño.

akc

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