Caminando sobre Avenida Revolución , sin detener su paso un grupo de jóvenes levantan la vista y ríen entre sí. Una reacción esperada ante lo inverosímil que acaban de ver: un cuelga de la fachada del .

Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil
Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil

Foto: EL UNIVERSAL / Frida Juárez

Este fin de semana, el museo inauguró la instalación “ ”, creada originalmente por , en 1996. La mega escultura recrea un pollo que pintó David Alfaro Siqueiros en la obra “Muerte y funerales de Caín”, que se exhibe actualmente en ese museo al sur de la Ciudad. La pieza instalada en el techo y cuelga al exterior también se da en el marco de la exposición “Un lugar en un momento. Prácticas de Sitio específico”.

Este pollo, hecho en cartonería, mide 15 metros de largo y 8 de alto. Su cuello y patas cuelgan sobre la fachada gris del museo. Pese a su gran tamaño, la mayoría de los transeúntes no se percatan de su existencia, pues tienden a mirar al suelo o al celular. Muchos levantan la vista, pero siguen su paso sin reaccionar. ¿Será que estamos perdiendo la capacidad de asombro?

Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil
Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil

Foto: EL UNIVERSAL / Frida Juárez

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El escenario cambia un poco desde el otro lado de la calle, desde ahí la estructura de esta escultura resalta entre los árboles y contrasta con el cielo azul. Un hombre sí se detiene a mirarla, antes de cruzar; otro saca el celular para hacer una foto veloz, mientras que un niño sorprendido señala a sus padres al gran pollo que anida en el techo del Carrillo Gil.

A su salida del museo, visitantes toman fotos a la escultura monumental que en un inicio consideraron que era un cangrejo. Una joven estudiante, que vino por asignación escolar, dice que el pollo está bonito, pero que es raro. Es su primera visita a este museo y se encontraron con esta sorpresa. Su madre reconoce que es un gran atractivo y que hace que el museo de fachada gris destaque.

Sorprende, incluso asusta a algunos el movimiento de sus patas por el viento. La obra pesa cerca de 750 kilos, pero no hay que temer, pues para su construcción se realizaron análisis técnicos y se trabajó junto a diversas instancias como el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), la alcaldía Álvaro Obregón y la Seduvi.

Sorprende aún más, conociendo los hábitos de los conductores chilangos, pues es rara la ocasión que entre los altos del semáforo sobre avenida Revolución, los conductores volteen a ver la obra. Ahora resulta que sí van muy atentos al camino… Aunque en una de esas, en el otro extremo de la vía, una copiloto estira su cuello hasta donde su capacidad se lo permite para tratar de observar al animal gigante.

“¿Qué es eso? ¿Una garra? ¡Está de poca madre wey!”, fue la reacción de Elieser mientras camina con sus amigos Aline, Haydeé y Bruno, después de ver el partido de americano del Instituto Politécnico Nacional.

Confiesan desconocer que había un museo aquí -a excepción de Bruno que sí sabía de su existencia, pero reconoce que le queda muy lejos- y mientras leen más sobre “Muerte y funerales de Caín (No homenaje a Siqueiros)” en las mamparas ubicadas en el estacionamiento del Museo, se ponen de acuerdo para organizar una visita al recinto en un futuro cercano.

Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil
Ojos bien abiertos: El recordatorio del pollo en el techo del Carrillo Gil

Foto: EL UNIVERSAL / Frida Juárez

El testimonio de Elieser y sus amigos confirman que la táctica de Tatiana Cuevas, directora del Carrillo Gil, funciona. Pues con esta instalación, esperan atraer a nuevo público al museo.

“Es arte porque es una forma de representar la muerte de un ser vivo”, dice Elizabeth, quien pensó se trataba de un cangrejo y pasaba de prisa por la calle junto a Leonela. Pese a las prisas, ambas se tomaron un tiempo para leer más sobre la pieza.

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Aun siendo tarde de sábado en quincena, la calle no muestra tanta afluencia y aquellas que la transitaron no notaron la escultura. Esto recuerda que hay que mantener los ojos bien abiertos ante las sorpresas positivas que brinda la ciudad, porque realmente no sabemos qué nos podremos encontrar.

Otra lección que deja este experimento del Carrillo Gil a otros museos es que en tiempos de escasez presupuestal para la cultura, no se puede perder el entusiasmo y la voluntad de buscar alternativas para llegar a más público. A todos nos viene bien tener instantes de asombro, y más después de estos años pandémicos.

“Muerte y funerales de Caín (No homenaje a Siqueiros)” estará en el techo del Museo Carrillo Gil hasta diciembre.

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melc